César Raúl González Bonilla
«Es inútil discutir con el corazón.»
Ya hablé seriamente con él:
me molesté, nos molestamos.
Traté de conversar con lógica y cautela,
le mostré los escombros de mañana
y las tormentas que -sin duda- nos esperan.
Le expliqué lo absurdo de esta ansiedad,
las madrugadas en vela
por la insensatez de amarte todavía.
Le advertí del riesgo de desastre,
del eco confuso que repite tu silencio.
Pero de nada sirven las razones;
es un cínico insolente,
un rebelde temerario;
mi terco corazón
no quiere otra cosa que quererte.
El hablante sostiene una conversación inútil con su propio corazón: intenta convencerlo de abandonar un amor sin sentido. Expone razones, advierte consecuencias, anticipa ruinas, pero el corazón —insolente y temerario— sigue firme en su deseo. El poema revela con ironía y ternura la eterna tensión entre la lucidez y el sentimiento.