Corazón desobediente

César Raúl González Bonilla

«Es inútil discutir con el corazón.»

Ya hablé seriamente con él:

me molesté, nos molestamos.

Traté de conversar con lógica y cautela,

le mostré los escombros de mañana

y las tormentas que -sin duda- nos esperan.

Le expliqué lo absurdo de esta ansiedad,

las madrugadas en vela

por la insensatez de amarte todavía.

Le advertí del riesgo de desastre,

del eco confuso que repite tu silencio.

Pero de nada sirven las razones;

es un cínico insolente,

un rebelde temerario;

mi terco corazón

no quiere otra cosa que quererte.

El hablante sostiene una conversación inútil con su propio corazón: intenta convencerlo de abandonar un amor sin sentido. Expone razones, advierte consecuencias, anticipa ruinas, pero el corazón —insolente y temerario— sigue firme en su deseo. El poema revela con ironía y ternura la eterna tensión entre la lucidez y el sentimiento.

Pregunta cuatro

César Raúl Gonzpalez Bonilla

        El futuro es de cristal

        Puedo vivir

        con poca sangre en las arterias;

        entre latidos discordantes

        y el torrente de sombras que me inunda.

        Me sostengo

        con lo poco que me queda,

        si el ahora se coagula en un instante,

        es el aire insuficiente en mis pulmones

        y el mañana se disuelve como bruma.

        Me abrazo a lo frágil de mi víscera

        con el pecho hundido y quebradizo,

        cuando se desbaratan mis costillas,

        si mi cuerpo es un mausoleo de cicatrices.

        Aún con un músculo herido

        que palpita a contraluz,

        cuando mi realidad se astilla como un vidrio,

        puedo asirme al hilo de lo frágil

        y demorar la emboscada concluyente.

        Existo si me pierdo en otro cuerpo,

        en las brasas antiguas

        que arden sólo en la memoria;

        cuando el eco de mi reloj vibra en la penumbra,

        pero si me falta lo esencial,

        ¿cómo vivir sin corazón?

        Un poema que explora la fragilidad del cuerpo y la persistencia de la vida pese a la ausencia del corazón. Entre sombras, cicatrices y la amenaza del tiempo que se quiebra, la voz poética se aferra a lo frágil, resistiendo el destino y dejando abierta la pregunta esencial: ¿cómo vivir sin corazón?

        Duelo

        César Raúl González Bonilla

        Cuando todo se ha perdido, nada se pierde.

        Que se nuble mi cielo, que llovizne un poco

        y que el sol se infiltre amordazado.

        Sean las fisuras que el recuerdo deje

        las formalidades que suelen llevar vestido negro.

        Quien haya de estar triste, que se halle entristecido

        y si alguien quiere celebrar, pues que celebre.

        Son los protocolos que aplazan el olvido:

        hoguera o tierra, aquí o en el viento.

        Que cada quien viva su duelo y que invente su descanso.

        Hay  que marcharse cuando todo finaliza

        y el corazón decide no tener más movimiento.

        Cuando todo se ha perdido, nada se pierde.

        Me da igual  y no me importa.

        El poema explora la aceptación serena y casi indiferente de la muerte y el desprendimiento. Con un tono sobrio y despojado de sentimentalismos, el hablante se desentiende de los rituales y las emociones ajenas, invitando a cada quien a vivir el duelo como mejor pueda o quiera. Se reconoce la inevitabilidad del final, cuando el…