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por César Raúl González Bonilla
«Caleidoscopio submarino: azar convertido en simetría»
En el profundo azul violáceo del silencio
giran los peces sosegados,
Son uno, son miles.
Torbellino impenetrable que danza
el son consonante del abismo.
Los peces fluyen
al azar como los sueños en simétrico equilibrio.
Intrincado remolino y seducción velada
que se mueve por la cola perdida del cometa.
Liturgia del amor, son el mar hecho deseo
Vaivén de un cuerpo que seduce.
Grupa oscilante que invita a la caricia de salmuera.
Son los peces manantial de anhelos
perdidos en el hondo insoluble
del misterio.
El poema Cardumen despliega la imagen de los peces como un universo en movimiento, donde lo múltiple se vuelve uno y lo azaroso se ordena en una danza hipnótica. A través de metáforas marinas, cósmicas y eróticas, la voz poética explora el misterio del mar como espejo del deseo y de lo insondable. El cardumen aparece así como metáfora de sueños, constelaciones y cuerpos, uniendo lo orgánico con lo estelar en un ritual de movimiento perpetuo.