Pluma a contraviento

César Raúl González Bonilla

«La pluma es un ala a contraviento.»

Pluma en mano, papel y tintero,

depósito de alquimia

-refugio y precipicio –  

polluelos en el nido.



Pluma y pulso,

 azul que se lanza al horizonte;

alas marinas sobre nubes blancas,

y en el trazo azulado, el alma tiembla.



Pluma en danza,

la mano contradice:

las aves planean a contraviento,

-torrente y torbellino azul-

donde la tinta también danza.



La tinta se seca, el papel se llena,

 las aves azules cantan en las rocas,

 arrecife donde la marea colisiona

con el griterío.



La mano descansa, el vuelo acaba,

 el silencio reposa en cada línea:

 sombras azules, restos de lo escrito,

 nido vacío, sólo resonancia.

Pluma a contraviento es una meditación sobre el acto de escribir concebido como un vuelo de resistencia. A través de imágenes que mezclan aire y agua —pluma, tinta, mar, nido, arrecife— el poema transforma la escritura en un proceso orgánico: nacer, expandirse, luchar contra el viento, y finalmente reposar en el silencio. La “pluma” es…

Almirante

César Raúl González Bonilla

«Tu ruta sigue escrita en mi bitácora

En vez de brújula, una losa

y en vez de mapas, laberintos.

Recibiste el timón frente al eclipse

y emergió tu carácter, a golpes de marea.

Aprendiste a navegar bajo nubes encrespadas,

contra el ciclón, siguiendo al viento.

Así fuiste mi capitán y mi piloto;

-sensato casi siempre,

testarudo por momentos-

viendo la luz hacia lo justo

y a todos nos llevaste hasta la calma:

soltar amarras sólo, para entrar a puerto juntos.

Pasó el instante que se mide en vidas;

mírame ahora, Almirante de mi plasma:

soy la cosecha de tu viaje,

nuevos tripulantes, otros horizontes:

cada cual con su mar, su derrotero

en la bitácora que escribe nuestros lazos.

Descansa, continúa la travesía.

En Almirante, el hablante se dirige a quien le legó el mando, la fuerza y la ruta: una figura que encarna la guía, el temple y la herencia. Desde la oscuridad del eclipse hasta la calma del puerto, el poema traza un viaje de aprendizaje, pérdida y continuidad. El mar, con su lenguaje de brújulas rotas, tormentas y horizontes, se convierte en espejo de la vida transmitida y del amor que persiste en movimiento. “Tu ruta sigue escrita en bitácora” resume esa fusión entre memoria y presencia: el legado se disuelve, pero nunca desaparece.

Cardumen

«

por César Raúl González Bonilla

«Caleidoscopio submarino: azar convertido en simetría»

En el profundo azul violáceo del silencio

giran los peces sosegados,

Son uno, son miles.

Torbellino impenetrable que danza

el son consonante del abismo.

Los peces fluyen

al azar como los sueños en simétrico equilibrio.

Intrincado remolino y seducción velada

que se mueve por la cola perdida del cometa.

Liturgia del amor, son el mar hecho deseo

Vaivén de un cuerpo que seduce.

Grupa oscilante que invita a la caricia de salmuera.

Son los peces manantial de anhelos

perdidos en el hondo insoluble

del misterio.

El poema Cardumen despliega la imagen de los peces como un universo en movimiento, donde lo múltiple se vuelve uno y lo azaroso se ordena en una danza hipnótica. A través de metáforas marinas, cósmicas y eróticas, la voz poética explora el misterio del mar como espejo del deseo y de lo insondable. El cardumen aparece así como metáfora de sueños, constelaciones y cuerpos, uniendo lo orgánico con lo estelar en un ritual de movimiento perpetuo.

Pescadores

César Raúl González Bonilla

«El mar duerme antes de volver a respirar.”

Cuando cae la tarde en el estero

barre el viento decembrino

el fastidio de las sombras alargadas.

Ya esperan las balsas en cardumen

beber la sal y alcanzar el horizonte.

Será mañana,

hoy descansan al vaivén de la resaca

rechinando suavemente la madera.

El cansancio lleva peces en la cesta

y sus huellas viajarán con la marea.

Hallarán la noche

arropadas por su manto de consuelo.

Será por la mañana

cuando despunte el día.

Las siluetas empapadas

tomarán las cestas,

remontarán el tremor del azul interminable

para descubrir de nuevo el horizonte.

El poema describe el reposo vespertino de las balsas en un estero tras la jornada de pesca. La tarde decembrina, el viento y el vaivén de la resaca acompañan el descanso de hombres y embarcaciones. Con un tono contemplativo, el texto celebra la quietud y anticipa el renacer del día siguiente.