Pregunta ocho

César Raúl González Bonilla

“Toda farsa necesita su carpa.”

Parece que no entendemos.

Se repite el espectáculo:

pura carcajería.

En aplausódromos digitales

 disfraces antrofascistas:

vestidos de adorapatria,

sombreros de patrioculto.

Fascinante,

el embrujo de las masas.

En la pista del fascicirco:

payasos del fascimorbo

tratando de hacer maromas.

Saltan la cuerda floja

líderes de fascimueca:

discursos de fascifonia.

Hipnóticos fascigramas,

patriomemes fosforescentes,

símbolos fasciparios:

Fascieuforia delirante de las masas,

fascidanza colectiva de obediencia.

Somos fasciófagos,

en colapso uniformado,

evangelio fascirroto.

¿Qué distancia hay que andar

para dejar atrás la fascifarsa?

No entendemos.

Así funciona la carpa.

Un poema corrosivo y circense donde los disfraces del poder revelan la farsa del fascismo. Entre aplausódromos digitales, payasos del fascimorbo y símbolos grotescos, la masa celebra su propia obediencia. Con neologismos mordaces, la carpa del odio exhibe la repetición absurda de un espectáculo que nunca desmonta.