César Raúl González Bonilla
La muerte me sonríe… y yo le devuelvo el favor
Estoy feliz por antojo de alegría,
en ausencia de razones tengo un gozo secular,
es difícil de explicar, el saludable hedonismo.
Comenzando por el pelo
y concluyendo en los pies
a través de cada poro,
despido vapor de euforia.
Mis manos están contentas,
mis piernas viven dichosas
y corre por mis arterias,
en vez de sangre, delicia.
Hoy siento la efervescencia del vivaz metabolismo.
Con entusiasmo integral transcriben todos mis genes,
desde el prólogo tres prima,
hasta el prima cinco final.
Es un hecho concluyente
que no importan las pasiones,
hoy degusto el optimismo
y puedo hacerlo contigo,
con tu omisión y a pesar de tu presencia.
¿ A quién le atañe mi vida,
alguien llorará mi hasta nunca?
Detalles sin importancia,
hoy me fornico a la muerte
disfrutando su sonrisa.
El poema celebra un estado de euforia absoluta e inexplicable, una alegría espontánea que invade cada célula del cuerpo. El yo poético experimenta un gozo vital que no depende de nadie ni de nada, incluso desafía a la muerte con desparpajo y sensualidad, transformando el júbilo en una afirmación radical de la existencia.