Mi nieta Emma

César Raúl González Bonilla

«Para Emma, que ilumina el día con su risa.»

El sol revuela con Emma:
menuda, ligera, risueña.
Tiene ojos saltarines
y dos hoyuelos de fiesta;
su pelo es un remolino
donde anidan travesuras.

Emma alborota todo lo que toca:
los lápices, los cuentos, los peluches;
su cuarto es un desorden feliz.

Emma inventa mundos —muy sorprendentes—,
mundos que nadie espera:
que si el cielo también se enoja,
o las estrellas hacen gimnasia.

Emma es ágil como un rayo,
hace muy bien las piruetas,
y sabe multiplicar… las sonrisas.

A veces extraño a Emma,
pero su risa vuela,
y también hace piruetas.

El amor no tiene fronteras,
y basta una mirada
para hacerme bueno el día.

Mi nieta Emma es un retrato luminoso de la infancia visto desde la ternura y la distancia del abuelo. El poema celebra la curiosidad, la alegría y la inteligencia de una niña que transforma todo lo que toca en asombro. Entre peluches, preguntas y piruetas, Emma encarna la energía vital del amor familiar que vence…

Euforia

César Raúl González Bonilla

 

 

La muerte me sonríe… y yo le devuelvo el favor

Estoy feliz por antojo de alegría,

en ausencia de razones tengo un gozo secular,

es difícil de explicar, el saludable hedonismo.

Comenzando por el pelo

y concluyendo en los pies

a través de cada poro,

despido vapor de euforia.

Mis manos están contentas,

mis piernas viven dichosas

y corre por mis arterias,

en vez de sangre, delicia.

Hoy siento la efervescencia del vivaz metabolismo.

Con entusiasmo integral transcriben todos mis genes,

desde el prólogo tres prima,

hasta el prima cinco final.

Es un hecho concluyente

que no importan las pasiones,

hoy degusto el optimismo

y puedo hacerlo contigo,

con tu omisión y a pesar de tu presencia.

¿ A quién le atañe mi vida,

alguien llorará mi hasta nunca?

Detalles sin importancia,

hoy me fornico a la muerte

disfrutando su sonrisa.

El poema celebra un estado de euforia absoluta e inexplicable, una alegría espontánea que invade cada célula del cuerpo. El yo poético experimenta un gozo vital que no depende de nadie ni de nada, incluso desafía a la muerte con desparpajo y sensualidad, transformando el júbilo en una afirmación radical de la existencia.

Un día

César Raúl González Bonilla

“El infierno se aburre cuando decido sonreír”

Sólo por hoy,
no me importan los pecados,
ni el chantaje del infierno
ni virtudes, ni indecencia
o sueños aniquilados.

Hoy solamente,
no me interesa la ciencia,
ni dogmas o paradigmas,
incultura o ignorancia
y menos la inexistencia

Hoy día,
No me turban los procesos judiciales,
Ni fiscales o testigos,
No requiero de perdones,
ni promesas maritales.

Hoy,
cuando caiga el día,
habré tirado mi inmundicia a la basura,
probado un pedazo de alegría
y vagado al alzar por tu figura

Un poema rebelde que suspende culpas, dogmas y juicios “solo por hoy”, para despojarse de la carga moral y social. Entre ironía y desdén, el hablante lírico proclama su derecho a un instante de libertad, donde un gesto simple —un pedazo de alegría y la figura amada— se vuelve redención.