César Raúl González Bonilla
Vivir es coleccionar despedidas
Extravié los días lluviosos de septiembre
y las tardes a la sombra de la higuera.
Un día los dejé desatendidos
con mi infancia envuelta en los asombros.
Se desvaneció la mirada de mi abuela
y los juegos en el luminoso patio de su casa.
Supe alguna vez tocar una guitarra
y luego la arrojé al baúl de las banderas.
Olvidé ser joven y el placer de dialogar con los embrujos.
Desapareció mi novia adolescente.
Se evaporó el perfume de su piel
y dejé de verla en cada escaparate.
Desistí de ver a los amigos,
las pláticas con sabor a levadura.
Entonces olvidé ser grande
y perdí la condición de experto doctor de los ratones.
Mi mujer renunció a quererme cada día
y yo cesé de enamorarla por la noche.
Nuestros hijos crecieron a pesar de los insomnios
y se fueron mis padres con la niebla.
Desertó la salud de mis arterias
y mis dientes huyeron uno a uno,
se murió mi perra y perdí un zapato.
Se retira el invierno y ya viene la noche inevitable.
Atesoro ausencias, mermas, quebrantos, deudas y faltantes
Un poema íntimo que recorre el inventario de pérdidas a lo largo de una vida: la infancia, el amor, la juventud, la familia y la salud; una reflexión nostálgica que retrata cómo las ausencias se convierten en el verdadero tesoro acumulado al final del camino.