Cesar González Bonilla
José Luis escribía poemas a su novia, le entregaba flores y juntos comían almendras y manzanas. Era un novio dulce, que sólo deseaba beber de los labios de su amada, oler su pelo y probar el sabor azucarado de sus pequeños pechos. La invitó a salir y fueron a cenar, pasearon juntos por el parque y disfrutaron de la lluvia tomados de la mano. La miró con deseo y con hambre de su cuerpo. A partir de octubre no se supo más de Alejandra. Meses después la policía encontró sus trozos dentro del refrigerador en el apartamento del poeta, quien había estado escribiendo versos saboreando a su novia, inspirado por el delicioso sabor de las almendras.