Muerto innominado

César Raúl González Bonilla

«En mi altar humea el deseo.»

Nadie me invitó a la mesa hoy por la noche.

No beberé del dulce que sus labios tienen,

son de calabaza en miel de piloncillo 

y hay esencia de cempasúchil en el naranja de su pelo.

El humo de las velas retiene la penumbra,

cuando su figura se desliza hasta la cama.

No probaré la sal de mar que habita entre sus muslos,

adornadas con papel picado morado y amarillo.

Soy un muerto más del inframundo,

sin consuelo y sin altares

en el osario común de los amores malogrados;

una calavera de azúcar, sin un nombre.

En “Muerto innominado”, un difunto olvidado contempla desde el inframundo la ofrenda que ya no le pertenece. Entre aromas de calabaza, cempasúchil y humo de velas, el deseo se vuelve humo persistente. Es un poema donde la pasión y la muerte se confunden en una elegía al olvido amoroso.