César Raúl González Bonilla
“Nada pesa tanto como la calma.”
Si acaso me soltara la nostalgia,
encontraría la inercia de la calma;
dormiría diez horas
y el letargo callaría tu nombre.
Si olvidara tu ausencia
sería el final del aguacero;
-sin duda-, moriría por falta de apetito
y -tal vez- de aburrimiento.
Escojo el temblor en lugar de la armonía:
el optimismo cansa, la tristeza entiende.
Prefiero llevar el peso de tu ausencia
y pasar la noche conversando con tu boca.
En Nostalgia, el hablante reflexiona sobre la tentación del olvido y sus consecuencias: la calma, aunque deseada, se revela como una forma de vacío. Frente a la serenidad que anula el deseo, elige el temblor y la tristeza como compañía fiel. El poema transita entre ironía y ternura, entre aceptación y vigilia, para concluir que sentir —aun con dolor— es seguir vivo.