César Raúl González Bonilla
«Me busqué en un autorretrato»
Un lugar secreto que sólo yo conozco.
Lejano en mi recinto
y que casi no visito.
Un retrato que envejece,
el húmedo silencio de un desván,
la sábana que lo cubre
en oscuridad cautiva.
El lienzo que acumula los defectos,
el tiempo desgranado en polvo,
los vicios secretos,
telarañas que atrapan
a mi corazón desmoronado.
Una máscara de virtudes.
La sonrisa forzada,
la felicidad que disimulo,
el fuego tembloroso
que se extingue.
La promesa de las uvas,
el tiempo hecho vinagre.
Un niño que creció sin darse cuenta,
el nido sin crías.
Huérfano distante,
el recuerdo de mi madre.
Soy el día que se muere,
la noche interminable,
suicidio de la luz.
El amor hecho costumbre.
Los objetos que una vez nos conectaron,
las trayectorias que hoy son divergentes.
Dos copas vacías en la vitrina de mi sala.
El álbum de fotografías amarillentas
que dormita sin habla, indiferente.
Soy un rehén de los apegos,
afecto que se extravió
en un viaje innecesario,
con rumbo a un futuro recorrido.
Soy una pregunta que sólo yo me hago.
El poema plantea que el yo no es una esencia, sino un archivo deteriorado: una acumulación de objetos, gestos y recuerdos que ya no tienen su dueño. El hablante se define a través de sus pérdidas, no de sus atributos. Por eso el cierre (“Soy una pregunta que sólo yo me hago”) no es resignado,…