César Raúl González Bonilla
Soy el demonio que vive en la cabeza de Carlitos. Lo conozco desde pequeño, he tratado de mostrarle cómo es el terror a la obscuridad, introducirme en sus sueños y causarle pesadillas. Quiero ahondar en sus emociones, estremecerlo para ser el fiel de la balanza y lograr que elaboren lágrimas sus ojos, pero el niño parece no sentir escalofríos y nunca lo he visto padecer pánico o angustia. Es insensible, lejano, indiferente y su sonrisa es más bien una mueca que evoca la crueldad de un lince que juega con su presa. Le gusta experimentar con la violencia y la saña, se divierte con juegos perversos, como ese de rociar con gasolina al gato y prenderle fuego sólo para ver qué tanto brinca. Soy el demonio que vive en la cabeza de Carlitos, tengo miedo del destino y no puedo abandonarlo.
