César Raúl González Bonilla
El tráfico del viernes fluía con dificultad por las viejas arterias de la ciudad, empujando el espeso tedio del fin de semana hacia el caserío de la colonia popular. El joven ratero escudriñaba distraído la pequeña mochila recién arrebatada a la obrera. Entre el lápiz labial y los pañuelos desechables encontró el sobre que contenía el pago semanal que había recibido la muchacha esa mañana. El microbus se detuvo de repente y lo abordaron cinco adolescentes de mirada perdida. Desde los aullidos de los depredadores y el silencio del rebaño una mano pestilente jaló con violencia las correas, los músculos del joven no pensaron nada y con un reflejo apretaron con fuerza el tesoro contra el pecho. Fue como una convulsión, una sacudida. Se escuchó un disparo y el trueno vistió la tarde de gris y rojo en el horizonte del poniente cuando la obscuridad de pronto lo envolvió todo.