César Raúl González Bonilla
«Todo germina cuando perdonas.»
Madre de la tierra y de las raíces,
vientre que se despierta con la lluvia.
Señora de los frutos y de los pájaros,
voz del viento en las montañas,
imperio y casa de los cóndores.
Tú que nos das el fuego,
el suelo fértil
y todo lo que miran nuestros ojos:
montaña, río, semilla y viento.
Te hablamos con las manos
manchadas de tu barro,
con la voz del zapallo y del maíz.
Escúchanos, Pacha;
comprendemos tu enojo:
jugamos a ser los señores del peñasco,
tajamos tus árboles antiguos,
te cubrimos de hollín y de ceniza,
y dejamos tu agua envenenada.
Tu furia retumba como tambor de trueno,
y tu llanto se desborda con los ríos.
Pero aquí estamos, mujer,
buscando todavía que nos envuelvas.
No nos cierres tus entrañas;
danos otra siembra,
y que coman granos las gallinas.
Mamita,
enséñanos a sembrar de nuevo:
que las semillas den frutos redondos,
tallos que se alcen con flores de alegría.
Que volvamos a compartir luces y sombras,
como hijos tuyos que se ayudan,
para que el hambre se retire.
Voz del zapallo y del maíz es una plegaria filial a la Pachamama. La voz poética agradece los dones de la Madre Tierra y confiesa el daño causado por la soberbia humana. Entre culpa y ternura, el poema pide perdón y una nueva oportunidad para sembrar y convivir en equilibrio. El tono ritual y afectivo…