César Raúl González Bonilla
En aquella lejana comarca, el sabio rey quería que todos sus súbditos fueran felices. Al final de los partidos, la mitad de los espectadores siempre quedaban descontentos. Por eso ordenó que cada jugador tuviese un balón y mandó quitar las porterías. Se ocasionaron sanguinarias luchas a muerte porque cada jugador quería quedarse con todos los balones. Entonces, en el reino de la anarquía todos espectadores fueron felices.