Pluma a contraviento

César Raúl González Bonilla

«La pluma es un ala a contraviento.»

Pluma en mano, papel y tintero,

depósito de alquimia

-refugio y precipicio –  

polluelos en el nido.



Pluma y pulso,

 azul que se lanza al horizonte;

alas marinas sobre nubes blancas,

y en el trazo azulado, el alma tiembla.



Pluma en danza,

la mano contradice:

las aves planean a contraviento,

-torrente y torbellino azul-

donde la tinta también danza.



La tinta se seca, el papel se llena,

 las aves azules cantan en las rocas,

 arrecife donde la marea colisiona

con el griterío.



La mano descansa, el vuelo acaba,

 el silencio reposa en cada línea:

 sombras azules, restos de lo escrito,

 nido vacío, sólo resonancia.

Pluma a contraviento es una meditación sobre el acto de escribir concebido como un vuelo de resistencia. A través de imágenes que mezclan aire y agua —pluma, tinta, mar, nido, arrecife— el poema transforma la escritura en un proceso orgánico: nacer, expandirse, luchar contra el viento, y finalmente reposar en el silencio. La “pluma” es…

Desamor a mediodía

César Raúl González Bonilla

“Ya no te quiero. La vida contigo es como caer al vacío, creo que esto debe terminar”. Se lo dijo con frialdad porque era algo que los dos sabían. Se lo dijo sin rencor porque los sentimientos habían quedado atrás.  Estaban a punto de comer, pusieron la mesa sin cruzar palabras o miradas. El reloj se detuvo a la una y quince cuando un estruendo que brotaba desde el suelo los retornó de la ausencia. La fuerza del terremoto estremeció la pared, tiro vasos y jarrones. Se abrazaron con fuerza y trataron de avanzar hacia la puerta, cedieron entonces las losas y los dos cayeron al abismo. Los envolvió la obscuridad y quedó el silencio en los escombros. Y fue así como en ochenta segundos, la tierra decidió por ellos.

Sabia decisión

César Raúl González Bonilla

 

En aquella lejana comarca, el sabio rey quería que todos sus súbditos fueran felices. Al final de los partidos, la mitad de los espectadores siempre quedaban descontentos. Por eso ordenó que cada jugador tuviese un balón y mandó quitar las porterías. Se ocasionaron sanguinarias luchas a muerte porque cada jugador quería quedarse con todos los balones. Entonces, en el reino de la anarquía todos espectadores fueron felices.

Recobrar la libertad

César Raúl González Bonilla

Una vez sedado, las arrogantes manos enguantadas de los médicos le insertaron un tubo en la garganta, luego le introdujeron una sonda que encontró su camino por la nariz hasta el estómago, después otra que viajó a través de la uretra a su vejiga y una más que, por el interior de una vena del pecho, llegó hasta la intimidad del corazón. En el cuarto del hospital el rítmico bip del monitor y el cadencioso silbido del aire entrando y saliendo de los pulmones a fuerza de una máquina, rezaban la interminable letanía de la insolencia, mientras cinco frascos vigilantes, colgados en un porta sueros de acero inoxidable, contaban los segundos gota a gota. Desnudo y frágil, sumergido en sus líquidos corporales y privado de la libertad de decidir, yacía aquel despojo obligado a respirar por la necedad de la ciencia. En la penumbra, a la hora del final aplazado, en el jardín los capullos estallaron liberando miles de mariposas que invadieron la distancia; entonces, el cadáver se levantó de su cama, arrancó los tubos de su cuerpo, se acostó de nuevo y expiró tranquilamente.

 

El taller del artesano

César Raúl González Bonilla

El artesano trabajaba con materiales sencillos, imaginación y habilidad de manos. Era el mejor hacedor de demonios y su taller el más solicitado. Todas las noches, a la luz de una vela, puntada a puntada, confeccionaba demonios y fantasmas a la medida de los temores de los clientes. Luego los cosía a sus cuerpos y sombras con tal perfección que, los fantasmas solían morir  junto con el cadáver de sus dueños.  Una noche,  cierto demonio se desprendió de la sombra y  quedó solo entre los vivos. Lo invadió tal amargura que inconsolable vistió al artesano, lo tomó por cuello y juntos se perdieron en el fuego de la vela.

Tiempo de Invierno

César Raúl González Bonilla

Viene el invierno,
En tus ojos puedo ver
Indiferencia
 

El haiku presenta al invierno como metáfora de la frialdad emocional. A través de la mirada del otro, el yo lírico descubre indiferencia: una estación interna que refleja distancia afectiva y desapego. La sencillez de la imagen transmite el peso silencioso de la incomunicación.

Boca y limones

César Raúl González Bonilla

Tu boca oculta
el áspero sinsabor
de los limones
 
 

La publicación de César Raúl González Bonilla evoca imágenes vívidas de un sabor oculto, contrastando la suavidad de los labios con la áspera amargura de los limones. Esta yuxtaposición sugiere una experiencia emocional o sensorial más profunda, que invita a reflexionar sobre las complejidades del deseo y el juego entre dulzura y amargura en la…

Tiempo de lluvias

César Raúl González Bonilla

En tu mirada
es el tiempo de lluvias
y el gris del viento.

Llueve y llueve,
bajo cielos serenos,
brota la paz.

Lluvia de otoño,
el campo reverdece,
la ciudad llora.

Bebe la tarde
fatiga de ceniza,
agua de lluvia.

La lluvia que cae;
en cada gota de azul
dice tu nombre.

 

El viejo cae,
gota de agua que estalla
contra el suelo

El haiku refleja en la mirada ajena un paisaje interior marcado por la melancolía. El “tiempo de lluvias” alude a la renovación y la tristeza, mientras el viento gris transmite desolación. La unión de naturaleza y emoción convierte la escena en un espejo del sentir humano

Cambios climáticos

César Raúl González Bonilla

«El clima del alma también conoce estaciones”

El ecosistema dentro de mi cabeza es tropical. Es caluroso y llueve, llueve mucho casi todo el año. La llovizna de pensamientos es  pertinaz y eso causa que mis neuronas estén siempre encharcadas de sentimientos y que crezca mucha maleza de reflexiones inútiles. Esto entorpece las conexiones entre mis cerebros más antiguo y el más nuevo, lo que provoca que tomen control mis emociones y se paralice mi capacidad de decidir. En ocasiones hasta puede haber corto circuitos de ideas contradictorias. En la temporada de otoño se presentan tremendos aguaceros, que causan inundaciones y destrozos que requieren largos periodos de reparaciones. Los ríos de cavilaciones se desbordan y las aguas buscan su salida por mis ojos. Los muchos años que tomó  la construcción  de ciudades colosales de quimeras y pesadillas edificadas de manera absurda, han producido  últimamente un calentamiento y deterioro global, que se caracteriza por zonasdesérticas en las que hay tormentas de arena de tristeza y yacen sueños no realizados, que fallecieron por falta de agua y alimento. Ahí, la abrasadora soledad sofoca.

 

Un viaje introspectivo a través de un ecosistema mental tropical donde las lluvias perpetuas de pensamientos inundan neuronas y sentimientos. Entre tormentas, desbordes y ciudades de quimeras derrumbadas, emergen desiertos de soledad y sueños muertos por sed. Una metáfora íntima del desorden emocional y la fragilidad de la mente.