Etiología

César Raúl González Bonilla

Culparemos primero a las estrellas

por sus influencias impalpables

y su polvo diminuto de la noche.

Luego será cuestión de recriminarle a Dios

sus irritantes amnesias selectivas,

castigos individuales y juicios comunitarios.

Estarán después los diferentes,

expatriados de su género, apenas minorías,

mal que nos envió la constelación de Sagitario.

Reprocharemos al frío o a la obscuridad,

al exceso de aceites o al encanto de la sal,

a los cambios climáticos, a los funcionarios,

a los directores y a los subalternos.

Sin duda, acusaremos a los médicos,

internos o cirujanos, camilleros y enfermeras,

con todo y sus bálsamos o pociones,

tratamientos magistrales, por completo ineficaces.

Será un error de los intrincados

hilos de la casualidad,

de la selección natural de las bacterias

y de todas sus recombinantes.

Por último, será la negligencia del cadáver.

Estará ahí con su exasperante desinterés,

impasible,

formal,

en el apático centro del diagnóstico.