La ciudad sin jinete

César Raúl González Bonilla

“No hay quien tome las riendas del asfalto.”

En dónde está el jinete 

que pueda llevar la rienda de este río

convertido en avenida,

o el bastón capaz de separar la luz en dos

para que crucemos todos,

el brazo que perfore pasadizos subterráneos

en el laberinto de concreto,

el Humvee capaz de atravesar las agonías,    

una mano que nos tome a la orilla del desfiladero;

En dónde está el viejo sabio de los cuentos,

el diestro espadachín de las películas antiguas.

A quién habremos de empujar para que

 el mundo se mueva -por lo menos- un milímetro.

La ciudad sin jinetes es una reflexión poética sobre la pérdida de liderazgo, propósito y sentido en la modernidad. A través de un lenguaje que mezcla lo mítico y lo urbano, el poema evoca la búsqueda inútil de figuras capaces de guiar a una humanidad extraviada entre avenidas, concreto y rutina. La voz lírica cuestiona…

Colisión cósmica

César Raúl González Bonilla

“La creación es el choque de los cuerpos que se buscan.»

Dos estrellas viajan por el universo,

errantes vagabundas.

Solas y perdidas cruzan sus caminos,

y el azar decide que se encuentren.

Destellos de luz por la misma vía,

hacia el mismo punto;

se curva el espacio,

-cuerpos que se inclinan-

y más aceleran, cuando más se acercan.

La explosión estalla con tanta violencia,

que se desintegran.

Giran los despojos en un torbellino,

se condensa el polvo y nace otra estrella.

En nuestro universo de lo cotidiano,

tu mirada tibia viaja distraída

y por buena suerte converge con la mía.

Se condensa el tiempo

cuando me seduces:

magnético espacio donde gravitamos

entre laberintos y la incertidumbre.

Las miradas chocan -estalla el deseo-,

y se vaporizan.

Sus cenizas danzan con delicadeza,

El temblor se extingue, regresa la calma.

El tiempo renace

cuando las miradas así se amalgaman

Colisión cósmica es una metáfora del encuentro entre dos seres que, como estrellas errantes, se atraen y transforman mutuamente. El poema transita del universo astral al humano, de la energía a la emoción: el espacio se curva, el tiempo se condensa y del impacto nace una nueva luz. Entre la física y el deseo, la…

Pregunta cuatro

César Raúl Gonzpalez Bonilla

        El futuro es de cristal

        Puedo vivir

        con poca sangre en las arterias;

        entre latidos discordantes

        y el torrente de sombras que me inunda.

        Me sostengo

        con lo poco que me queda,

        si el ahora se coagula en un instante,

        es el aire insuficiente en mis pulmones

        y el mañana se disuelve como bruma.

        Me abrazo a lo frágil de mi víscera

        con el pecho hundido y quebradizo,

        cuando se desbaratan mis costillas,

        si mi cuerpo es un mausoleo de cicatrices.

        Aún con un músculo herido

        que palpita a contraluz,

        cuando mi realidad se astilla como un vidrio,

        puedo asirme al hilo de lo frágil

        y demorar la emboscada concluyente.

        Existo si me pierdo en otro cuerpo,

        en las brasas antiguas

        que arden sólo en la memoria;

        cuando el eco de mi reloj vibra en la penumbra,

        pero si me falta lo esencial,

        ¿cómo vivir sin corazón?

        Un poema que explora la fragilidad del cuerpo y la persistencia de la vida pese a la ausencia del corazón. Entre sombras, cicatrices y la amenaza del tiempo que se quiebra, la voz poética se aferra a lo frágil, resistiendo el destino y dejando abierta la pregunta esencial: ¿cómo vivir sin corazón?

        Pregunta tres

        César Raúl González Bonilla

        ¿Sería definitivo -entonces-

        que si el demonio prevalece

        y la Santa Muerte nos corteja,

        Dios no es -del todo- omnipotente?

        Este poema “Pregunta tres” se adentra en lo metafísico con un golpe directo: cuestiona el poder absoluto de Dios al contraponerlo con la figura del demonio y la Santa Muerte. Breve pero contundente, es casi un aforismo poético.

        Ciclo de la arena

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        Desamor a mediodía

        César Raúl González Bonilla

        “Ya no te quiero. La vida contigo es como caer al vacío, creo que esto debe terminar”. Se lo dijo con frialdad porque era algo que los dos sabían. Se lo dijo sin rencor porque los sentimientos habían quedado atrás.  Estaban a punto de comer, pusieron la mesa sin cruzar palabras o miradas. El reloj se detuvo a la una y quince cuando un estruendo que brotaba desde el suelo los retornó de la ausencia. La fuerza del terremoto estremeció la pared, tiro vasos y jarrones. Se abrazaron con fuerza y trataron de avanzar hacia la puerta, cedieron entonces las losas y los dos cayeron al abismo. Los envolvió la obscuridad y quedó el silencio en los escombros. Y fue así como en ochenta segundos, la tierra decidió por ellos.

        Etiología

        César Raúl González Bonilla

        Culparemos primero a las estrellas

        por sus influencias impalpables

        y su polvo diminuto de la noche.

        Luego será cuestión de recriminarle a Dios

        sus irritantes amnesias selectivas,

        castigos individuales y juicios comunitarios.

        Estarán después los diferentes,

        expatriados de su género, apenas minorías,

        mal que nos envió la constelación de Sagitario.

        Reprocharemos al frío o a la obscuridad,

        al exceso de aceites o al encanto de la sal,

        a los cambios climáticos, a los funcionarios,

        a los directores y a los subalternos.

        Sin duda, acusaremos a los médicos,

        internos o cirujanos, camilleros y enfermeras,

        con todo y sus bálsamos o pociones,

        tratamientos magistrales, por completo ineficaces.

        Será un error de los intrincados

        hilos de la casualidad,

        de la selección natural de las bacterias

        y de todas sus recombinantes.

        Por último, será la negligencia del cadáver.

        Estará ahí con su exasperante desinterés,

        impasible,

        formal,

        en el apático centro del diagnóstico.

        Carga genética

        César Raúl González Bonilla

        “En cada célula se esconde una sombra.”

        Genes malignos y perversos,
        malandrines que dictan mis conductas,
        nublan el huerto en mi cerebro,
        estos mis versos
        y pronuncian aguijones infectos, que lastiman.

        Son viles y siniestros malhechores
        que cabalgan en todas mis neuronas,
        liquidan la simpleza del rocío
        y envenenan el aire que respiro.

        Descarados duendes maliciosos,
        diligentes proveedores de veneno
        que adulteran mis afectos verdaderos.

        Están conmigo,
        somos la misma sal del pan que me alimenta,
        construimos la soledad en compañía
        y esperamos la muerte que libera.

         

         

        Carga genética explora la lucha interior entre la biología y la conciencia. El hablante describe sus genes como seres perversos que gobiernan sus actos y corrompen sus emociones. Con tono lúcido y sombrío, acepta su condición y reconoce que la vida y la muerte son parte del mismo linaje inevitable.