César Raúl González Bonilla
En el incómodo diván de arena movediza
con su rojo respaldo lastimado,
intrigan los minutos en mi contra.
Que amplia es la estancia y cómo se dilata
donde está la multitud y se encuentra el alboroto.
Con el piso de loseta fulgurante
y las líneas que convergen en el fondo
entre grises sueños diagonales,
yo sentado en este diván de piel enferma y roja.
Aquí soy un lugar tan alejado, sin dudar tan alejado.
En la pared hay un lienzo gigantesco
que trata de evocar una manzana
pero sólo es tela desgarrada, envejecida
En el corazón del rumor hay un murmullo,
prisionero que se deja escuchar en la afonía.
El silencio apenas balbucea,
es un imprudente lamento enflaquecido.
Ellos, en grupos de diez o cinco,
organizan el volar de los insectos,
yo sentado trato de encontrar en el techo alguna nube,
en el incómodo diván de arena movediza.
Un yo lírico se siente aislado y profundamente ajeno mientras observa desde un incómodo diván rojo una convención bulliciosa; rodeado de ruido, imágenes desgastadas y un ambiente asfixiante, reflexiona sobre su distancia existencial y emocional, sumido en la soledad y el extrañamiento.