Apuntes entre migas de pan

César Raúl González Bonilla

Mis versos no buscan escalar,

acarician el suelo,

y respiran el polvo de las calles;

duelen en el sitio donde el cuerpo cede,

recuerdan lo que se olvida,

recogen lo que deja el silencio.

Me gusta encontrar asimetrías,

el cansancio de las nueve de la noche,

el azul al despertar cada mañana.

No quiero escribir versos esenciales;

prefiero caminar despacio,

platicar conmigo,

respirar con cada paso.

Apunto —lo que pasa— en mi libreta,

mi tinta es el día que regresa

y mi oficio, resistir —sin hacer ruido—.

Quien ha tenido que pagar colegiaturas,

observar que nada cambia,

escuchar al padre en su mutismo

o padecer un afecto adolorido,

sabe absolver,

 —encogerse de hombros—

y, con gusto, continuar la vida.

Sigo escribiendo,

anotando las cosas cotidianas;

dejo abierta la libreta,

 —entre migas de pan— sobre la mesa.

Si el viento la hojea,

que encuentre allí lo que desee:

una sílaba suelta,

una mancha de tinta

o un boceto —incompleto— de memoria.

Apuntes entre migas de pan es una reflexión poética sobre la humildad del acto de escribir y la persistencia de la vida cotidiana. El hablante —más observador que protagonista— escribe sin grandilocuencia, en el mismo espacio donde se come, se espera, se sobrevive. Su voz asume la sencillez como forma de resistencia: anota lo que…

Bienaventurado mi cerebro

César Raúl González Bonilla

«La región frontal del cerebro se entretiene con galletas, el hipotálamo es insaciable.»

Mi cerebro es feliz cuando no piensa

y las neuronas están de vacaciones.

Cuando pienso, pienso en círculos,

que deben tener órbitas perfectas,

circunferencias bien redondas.

Busco en cada arista el mismo radio:

en cada curva, las esquinas.

Cuando mi mente está vacía,

es un santuario que respira.

Pensar genera zumbidos;

y la ignorancia, sosiego.

Entonces, mi cerebro está contento:

sabe que ignora e ignora lo que sabe.

Bienaventurado el que no piensa,

-dichosas reflexiones derretidas-,

porque -al menos-poco se equivoca.

En tono irónico y reflexivo, Bienaventurado mi cerebro explora la fatiga del pensamiento y el anhelo de descanso mental. La voz poética convierte la neurociencia en una parábola moderna sobre la sabiduría del no pensar, donde la ignorancia se revela como una forma de serenidad y la mente, un organismo que busca —sin éxito— su…

¿Quién soy?

César Raúl González Bonilla

«Me busqué en un autorretrato»

Un lugar secreto que sólo yo conozco.

Lejano en mi recinto

y que casi no visito.

Un retrato que envejece,

el húmedo silencio de un desván,

la sábana que lo cubre

en oscuridad cautiva.

El lienzo que acumula los defectos,

el tiempo desgranado en polvo,

los vicios secretos,

telarañas que atrapan

a mi corazón desmoronado.

Una máscara de virtudes.

La sonrisa forzada,

la felicidad que disimulo,

el fuego tembloroso

que se extingue.

La promesa de las uvas,

el tiempo hecho vinagre.

Un niño que creció sin darse cuenta,

el nido sin crías.

Huérfano distante,

el recuerdo de mi madre.

Soy el día que se muere,

la noche interminable,

suicidio de la luz.

El amor hecho costumbre.

Los objetos que una vez nos conectaron,

las trayectorias que hoy son divergentes.

Dos copas vacías en la vitrina de mi sala.

El álbum de fotografías amarillentas

que dormita sin habla, indiferente.

Soy un rehén de los apegos,

afecto que se extravió

en un viaje innecesario,

con rumbo a un futuro recorrido.

Soy una pregunta que sólo yo me hago.

El poema plantea que el yo no es una esencia, sino un archivo deteriorado: una acumulación de objetos, gestos y recuerdos que ya no tienen su dueño. El hablante se define a través de sus pérdidas, no de sus atributos. Por eso el cierre (“Soy una pregunta que sólo yo me hago”) no es resignado,…

La intensidad del silencio

César Raúl González Bonilla

“El silencio se escucha en la memoria.”

El silencio es tan profundo que no escucho nada:
la sombra de mi propio pensamiento,
el zumbido de mis huesos.

El silencio es tan hondo que no puedo oír
la explosión del mundo,
el rumor del cosmos.

El silencio es tan intenso que escucho
el peso del aire detenido,
el sonido de la pérdida.

El silencio lo ocupa todo
cuando el recuerdo regresa
y tu nombre espera que cese el griterío.

La intensidad del silencio explora la frontera entre el sonido y la memoria. A través de una serie de imágenes sensoriales, el poema convierte el silencio en una materia viva: un espacio donde resuenan el pensamiento, el cuerpo, el cosmos y la pérdida. La voz poética desciende desde lo físico hasta lo emocional, descubriendo que…

Inventario

César Raúl González Bonilla

Hoy es tiempo de iniciar el inventario.
Veamos, pues, qué es lo que tengo.

Tengo cincuenta y cuatro,
un camino largo andado
y una trayectoria incierta.

Tengo una esposa que me quiso,
y me quiere —a su manera—;
dos cachorros alejados, graduados como hijos;
la promesa de una nieta para peinarla con trenzas;
dos imbatibles ancianos,
un par de entrañables hermanos
y una familia afectuosa.

Tengo una perra inseparable,
un puñado de legítimos amigos,
cuarenta auténticos colegas
y cien maestros que se dicen mis alumnos;
cuatro discos de Piazzolla
y la poesía de Sabines.

Tengo mil fantasmas en mi sien derecha,
diez proyectos inconclusos,
siete sueños empolvados,
tres amores imposibles,
veinte musas cotidianas,
el recuerdo de unos ojos verdes
y otros negros que me roban el sosiego.

Tengo dos pares de zapatos,
una taza favorita,
nueve experimentos aplazados,
varias piedras en los riñones,
un dolor de cuello,
un pedacito de sol, una nube, una roca
y el reflejo de la luna.

Tengo una célula asesina,
aguardando agazapada para ahogar mi corazón,
devorar mis pulmones
o estallar en mi cerebro una granada.

Por eso tengo un testamento,
aquel nicho esperándome en Sonora,
y la negativa de mi esposa
de mezclar nuestras cenizas.

Tengo la tarea pendiente
de llorar y reír a carcajadas.
Tengo tiempo todavía para aprender
a gatear,
incorporarme y caminar,
balbucear,
valorar el poder de la palabra
y ser un mejor oyente.

Y eso es lo que hoy tengo,
lo que vale la pena contar.

Un recuento vital en primera persona: el hablante enumera sus afectos, objetos, dolencias y aprendizajes como un balance del vivir. Con tono sereno y autocrítico, el poema transforma la memoria en gratitud y la incertidumbre en sentido.

Nostalgia

César Raúl González Bonilla

“Nada pesa tanto como la calma.”

Si acaso me soltara la nostalgia,

encontraría la inercia de la calma;

dormiría diez horas

y el letargo callaría tu nombre.

Si olvidara tu ausencia

 sería el final del aguacero;

-sin duda-, moriría por falta de apetito

y -tal vez- de aburrimiento.

Escojo el temblor en lugar de la armonía:

el optimismo cansa, la tristeza entiende.

Prefiero llevar el peso de tu ausencia

y pasar la noche conversando con tu boca.

En Nostalgia, el hablante reflexiona sobre la tentación del olvido y sus consecuencias: la calma, aunque deseada, se revela como una forma de vacío. Frente a la serenidad que anula el deseo, elige el temblor y la tristeza como compañía fiel. El poema transita entre ironía y ternura, entre aceptación y vigilia, para concluir que sentir —aun con dolor— es seguir vivo.

Mudos

César Raúl González Bonilla

«Hay silencios que gritan.»

El silencio que desgarra,

virulento y rencoroso,                                              

alarido de furia,

retorcida bayoneta que penetra,

humo tóxico que asfixia.

El silencio que se atora en la garganta,

hondo desfiladero del afecto,

maldiciente barranco que separa.

El silencio perpetuo,

pesado como plomo,

losa de remordimientos,

que duele cuando calla,

misericordioso algunas veces.

El silencio afónico

nebuloso y sin sentido,

hilado con vacío,

purgatorio donde expiar la inexistencia.

El silencio prudente,

fugaz recuerdo,

el retrato de mi madre,

sonrisa silenciosa que apacigua,

manantial con agua clara.

El silencio delicado,

hipnótico alcaloide,

que entorpece los sentidos

con el roce de tus labios.

El silencio que perdura,

rumor de las estrellas,

balada distante en la noche serena.

Escombros y desechos,

no quedan más

silencios que decirnos.

En “Mudos”, los distintos rostros del silencio revelan emociones extremas: furia, culpa, ternura y deseo. Cada estrofa disecciona una forma de callar, desde la herida hasta la calma, hasta llegar al punto en que ya no hay nada que decir. El poema es un retrato del grito interior.

Pregunta siete

Cesar Raúl González Bonilla

“Donde muere la luz, germina la obscuridad”

El pasillo se tragará tus pasos sin retorno,

con tu espalda convertida en despedida.

Te fundirás en las sombras de la calle

y el sonido de tus pasos será eco de reproches.

Analizaré -entonces- mis errores,

reconstruiré los fragmentos de mi núcleo,

viviré el duelo como oficio cotidiano

y el experimento transitorio de la vida.

¿Será hondo el abismo de la ausencia?

Si logro evaporar los residuos corrosivos

aunque queden huellas de fantasmas;

me embriagaré con breves horizontes

y encontraré mi nuevo amanecer en el ocaso.

El poema transita de la despedida dolorosa hacia una introspección que convierte el duelo en oficio cotidiano. Entre pasillos que devoran pasos, sombras y reproches, el yo lírico busca disolver la corrosión de la ausencia. Finalmente, halla una paradoja vital: un nuevo amanecer en medio del ocaso.

Fatiga

César Raúl González Bonilla

“El cuerpo envejece, se desgasta el alma.”

Ya no tengo sed de mi veneno,

mis ilusiones se quebraron en pedazos;

se agotó de pronto la tristeza,

se disipa la amargura de mi lengua.

La tarde brotó en mi pecho despoblado.

Yo no me di cuenta porque estaba ausente,

viviendo los días, sin ver los instantes;

giraba la inercia ajena a mi carne

dejando a su paso fragmentos de alma.

Yacen a mi espalda

esqueletos viejos y pieles sin dueño;

abrazos torcidos y amores deshechos.

Se secó la vida,

mis deseos son polvo,

colapsó el recinto de mis emociones;

hoy tan sólo quiero

dormir un momento,

ya no siento nada, estoy muy cansado.

Fatiga es un poema de introspección y agotamiento existencial. A través de imágenes corporales y ruinas del alma, explora la pérdida de ilusiones, la inercia del tiempo y el colapso interior. La voz poética confiesa un cansancio absoluto, donde solo queda el deseo de disolverse en descanso.

En lo pequeño

César Raúl González Bonilla

«Lo fundamental habita en un grano de arroz.»

Nunca puse interés en lo pequeño.

Lo minúsculo es tan volátil,

que se escapa entre los dedos.

Como lo ausente

se fueron, en un sólo parpadeo,

mis días enteros.

Estuve preocupado en atender lo trascendente,

escribir la biografía de las hormigas.

No escuché nada,

quizá porque nada quise escuchar

y nada vi con el nublado lente de mi lupa.

Permanece lo vacante;

del ocioso tejido del vacío

al estéril gris de los deseos.

Todo se evapora cuando la luz se aleja.

En En lo pequeño, César Raúl González Bonilla reflexiona sobre la fugacidad de lo minúsculo y la manera en que la vida se escurre entre los dedos sin que apenas lo notemos. Con un tono introspectivo y casi confesional, el poeta revela la negligencia hacia los detalles cotidianos y la obsesión por lo trascendente, que finalmente se disuelven en el vacío. El poema se convierte en un canto melancólico a lo efímero, a lo no visto, a esos instantes que se evaporan cuando la luz se retira y queda solo el silencio.