Mujeres que remueven la ceniza

César Raúl González Bonilla

«La tierra guarda para no olvidar.»

Mujeres que remueven la ceniza,

donde cada piedra es una sombra:

predios huérfanos, fermentos de soledad,

basureros y sumideros sin nombre,

lo inconcuso de la muerte;

terrenos baldíos, ríos de secretos turbios

en la frontera donde la memoria respira

y la esperanza se erosiona.

Madres con sed:

la justicia atascada en la garganta;

sílice que asfixia,

estatutos y códigos de papel,

promesas perdidas

en la voz de los hijos ausentes.

Tumbas vacías y desmemoria:

cementerios de zapatos,

sepulcros de la última camiseta,

aquel pantalón envejecido,

rostros convertidos en hilachos;

una plegaria que se hunde

entre los hallazgos del forense.

Señora, matriz y vientre

en búsqueda

del salitre de los cadáveres:

colisión contra los astutos sicarios de “La Maña”,

cómplices funcionarios y subalternos,

la omisión hecha rutina.

Mujeres en búsqueda del descanso:

Llanto suspendido,

un cuerpo, un acuerdo con la muerte;

un nombre que regrese al polvo,

respuesta concreta a la pregunta

sobre la ciega fiereza de los vivos.

Madre Tierra,

huesos, piel, certeza,

brotes de memoria que reclaman

en la entraña del olvido.

“Mujeres que remueven la ceniza” es un poema coral y elegíaco que retrata la búsqueda incansable de las madres mexicanas que escarban la tierra para encontrar a sus hijos desaparecidos. A través de imágenes de polvo, ceniza y silencio, el texto transita del territorio devastado a la intimidad del duelo, de la denuncia social a…

Versos diversos

César Raúl González Bonilla

“En la diversidad se construye la casa de lo humano.”

Hay otros como yo,
que tienen palabras distintas
y silencios
que no se parecen a mi sombra.

Son raíces y tallos
que se expanden como múltiples destellos.

En cada brote hay una idea
que madura en frutos con semillas de promesas.

Son rostros extraños,
forasteros de mi fe,
que me encuentran
como tangente que roza y acaricia.

Son figuras que se enlazan,
ecos de las mismas conjeturas.

Unas voces son espejos,
otras son opuestas, discordantes.

Equilibrio de los ángulos quebrados.

Voces que abren puertas
donde yo levanto muros;
encienden luces
allí donde yo cultivo sombras,
y cantan
donde yo apenas murmuro.

Todas estas voces se reinventan
en la falta de certeza;
travesías de memorias enlazadas,
por el abismo de lo incierto,
rutas que confluyen en
un horizonte donde amanece lo posible.

Este que soy, incompleto,
necesita de los otros,
del que me contradice
y aclara la luz que no alcanzo a mirar
porque me ciega.

Somos un lago en el que desembocan
los arroyos del asombro,
aguas serenas que reflejan
la paradoja de lo humano.

Yo no soy sin la esencia de los otros.
En este mosaico plural
cada trazo desigual es concordante.
En nuestras divergencias
está el punzón que nos cincela.

Versos Diversos explora la interdependencia humana mediante imágenes de raíces, destellos, voces y geometrías. El yo poético reconoce su incompletud y halla en la diversidad un mosaico plural donde las diferencias cincelan y fortalecen. De la incertidumbre surge un horizonte posible: la esencia individual solo existe con la de los otros.