Pluma a contraviento

César Raúl González Bonilla

«La pluma es un ala a contraviento.»

Pluma en mano, papel y tintero,

depósito de alquimia

-refugio y precipicio –  

polluelos en el nido.



Pluma y pulso,

 azul que se lanza al horizonte;

alas marinas sobre nubes blancas,

y en el trazo azulado, el alma tiembla.



Pluma en danza,

la mano contradice:

las aves planean a contraviento,

-torrente y torbellino azul-

donde la tinta también danza.



La tinta se seca, el papel se llena,

 las aves azules cantan en las rocas,

 arrecife donde la marea colisiona

con el griterío.



La mano descansa, el vuelo acaba,

 el silencio reposa en cada línea:

 sombras azules, restos de lo escrito,

 nido vacío, sólo resonancia.

Pluma a contraviento es una meditación sobre el acto de escribir concebido como un vuelo de resistencia. A través de imágenes que mezclan aire y agua —pluma, tinta, mar, nido, arrecife— el poema transforma la escritura en un proceso orgánico: nacer, expandirse, luchar contra el viento, y finalmente reposar en el silencio. La “pluma” es…

Apuntes entre migas de pan

César Raúl González Bonilla

Mis versos no buscan escalar,

acarician el suelo,

y respiran el polvo de las calles;

duelen en el sitio donde el cuerpo cede,

recuerdan lo que se olvida,

recogen lo que deja el silencio.

Me gusta encontrar asimetrías,

el cansancio de las nueve de la noche,

el azul al despertar cada mañana.

No quiero escribir versos esenciales;

prefiero caminar despacio,

platicar conmigo,

respirar con cada paso.

Apunto —lo que pasa— en mi libreta,

mi tinta es el día que regresa

y mi oficio, resistir —sin hacer ruido—.

Quien ha tenido que pagar colegiaturas,

observar que nada cambia,

escuchar al padre en su mutismo

o padecer un afecto adolorido,

sabe absolver,

 —encogerse de hombros—

y, con gusto, continuar la vida.

Sigo escribiendo,

anotando las cosas cotidianas;

dejo abierta la libreta,

 —entre migas de pan— sobre la mesa.

Si el viento la hojea,

que encuentre allí lo que desee:

una sílaba suelta,

una mancha de tinta

o un boceto —incompleto— de memoria.

Apuntes entre migas de pan es una reflexión poética sobre la humildad del acto de escribir y la persistencia de la vida cotidiana. El hablante —más observador que protagonista— escribe sin grandilocuencia, en el mismo espacio donde se come, se espera, se sobrevive. Su voz asume la sencillez como forma de resistencia: anota lo que…

Pereza

César Raúl González Bonilla

«La pereza es una forma lenta de filosofía.»

Ya dieron las siete en mi apartamento;
la vida, hace rato, se filtró de nuevo.
La luz melindrosa llena cada esquina,
y abajo, la calle es un hormiguero.

Desde muy temprano, en la madrugada,
cada quien persigue su diario sustento.
Suben al transporte llevando por carga
bloques de congojas y de aspiraciones.

Todas mis neuronas son electricistas:
buscan los enchufes, hacen conexiones.
Paulatinamente ceso de estar muerto;
vienen los sentidos, gana la consciencia.

¿Qué si doy las gracias por otra mañana?
¿Qué si miro al cielo con mucha esperanza?
No digo plegarias ni tiene importancia,
pues lo trascendente se encuentra en la almohada.

El cerebro ordena y todos responden:
los riñones filtran, el hígado brega,
mi par de pulmones se llenan de aire,
mis músculos viejos se reportan listos.

Mi máquina cruje, pero desempeña;
el corazón jura que por hoy funciona
y, con entusiasmo, me mira y exclama:
—¡Levántate, hermano!, que el reloj avanza.

¡Caminemos juntos! ¡Hay tantos anhelos!
Construir castillos, descifrar misterios,
escribir historias, robar corazones,
conducir deseos de tantas voluntades.

Yo no digo nada, no quiero disgustos
con sus argumentos.
Solo son mentiras, exageraciones y cursilerías.

Con una sonrisa yo me doy la vuelta,
jalo mis cobijas
y, con un bostezo,
me duermo de nuevo.

En tono humorístico y entrañablemente humano, Pereza describe el despertar de un cuerpo que se resiste a la obligación de existir. Mientras los órganos recuperan su función y la ciudad se activa, el yo poético decide que la vida puede esperar un poco más. Entre la biología y la voluntad, el poema convierte el acto…

Mujeres que remueven la ceniza

César Raúl González Bonilla

«La tierra guarda para no olvidar.»

Mujeres que remueven la ceniza,

donde cada piedra es una sombra:

predios huérfanos, fermentos de soledad,

basureros y sumideros sin nombre,

lo inconcuso de la muerte;

terrenos baldíos, ríos de secretos turbios

en la frontera donde la memoria respira

y la esperanza se erosiona.

Madres con sed:

la justicia atascada en la garganta;

sílice que asfixia,

estatutos y códigos de papel,

promesas perdidas

en la voz de los hijos ausentes.

Tumbas vacías y desmemoria:

cementerios de zapatos,

sepulcros de la última camiseta,

aquel pantalón envejecido,

rostros convertidos en hilachos;

una plegaria que se hunde

entre los hallazgos del forense.

Señora, matriz y vientre

en búsqueda

del salitre de los cadáveres:

colisión contra los astutos sicarios de “La Maña”,

cómplices funcionarios y subalternos,

la omisión hecha rutina.

Mujeres en búsqueda del descanso:

Llanto suspendido,

un cuerpo, un acuerdo con la muerte;

un nombre que regrese al polvo,

respuesta concreta a la pregunta

sobre la ciega fiereza de los vivos.

Madre Tierra,

huesos, piel, certeza,

brotes de memoria que reclaman

en la entraña del olvido.

“Mujeres que remueven la ceniza” es un poema coral y elegíaco que retrata la búsqueda incansable de las madres mexicanas que escarban la tierra para encontrar a sus hijos desaparecidos. A través de imágenes de polvo, ceniza y silencio, el texto transita del territorio devastado a la intimidad del duelo, de la denuncia social a…

Pregunta cuatro

César Raúl Gonzpalez Bonilla

        El futuro es de cristal

        Puedo vivir

        con poca sangre en las arterias;

        entre latidos discordantes

        y el torrente de sombras que me inunda.

        Me sostengo

        con lo poco que me queda,

        si el ahora se coagula en un instante,

        es el aire insuficiente en mis pulmones

        y el mañana se disuelve como bruma.

        Me abrazo a lo frágil de mi víscera

        con el pecho hundido y quebradizo,

        cuando se desbaratan mis costillas,

        si mi cuerpo es un mausoleo de cicatrices.

        Aún con un músculo herido

        que palpita a contraluz,

        cuando mi realidad se astilla como un vidrio,

        puedo asirme al hilo de lo frágil

        y demorar la emboscada concluyente.

        Existo si me pierdo en otro cuerpo,

        en las brasas antiguas

        que arden sólo en la memoria;

        cuando el eco de mi reloj vibra en la penumbra,

        pero si me falta lo esencial,

        ¿cómo vivir sin corazón?

        Un poema que explora la fragilidad del cuerpo y la persistencia de la vida pese a la ausencia del corazón. Entre sombras, cicatrices y la amenaza del tiempo que se quiebra, la voz poética se aferra a lo frágil, resistiendo el destino y dejando abierta la pregunta esencial: ¿cómo vivir sin corazón?

        Recobrar la libertad

        César Raúl González Bonilla

        Una vez sedado, las arrogantes manos enguantadas de los médicos le insertaron un tubo en la garganta, luego le introdujeron una sonda que encontró su camino por la nariz hasta el estómago, después otra que viajó a través de la uretra a su vejiga y una más que, por el interior de una vena del pecho, llegó hasta la intimidad del corazón. En el cuarto del hospital el rítmico bip del monitor y el cadencioso silbido del aire entrando y saliendo de los pulmones a fuerza de una máquina, rezaban la interminable letanía de la insolencia, mientras cinco frascos vigilantes, colgados en un porta sueros de acero inoxidable, contaban los segundos gota a gota. Desnudo y frágil, sumergido en sus líquidos corporales y privado de la libertad de decidir, yacía aquel despojo obligado a respirar por la necedad de la ciencia. En la penumbra, a la hora del final aplazado, en el jardín los capullos estallaron liberando miles de mariposas que invadieron la distancia; entonces, el cadáver se levantó de su cama, arrancó los tubos de su cuerpo, se acostó de nuevo y expiró tranquilamente.

         

        La jauría y su presa

        César Raúl González Bonilla

        En el patio de la escuela preparatoria, en  una tarde lluviosa como muchas, se reúne un grupo de muchachos alrededor del obeso diferente. Asechan a su presa favorita, aquel que ha tenido que transitar por las burlas, los insultos y, en ocasiones, a través de los golpes de sus pares.  Los jóvenes casan en grupo,  cercan a su presa y la muerden por la espalda.  Son siete, pero bien pudiesen ser mil.  El muchacho gordo, que permanece sentado y silencioso, es una roca que soporta indiferente con la mirada que se aferra hacia la nada.  Se aproxima amenazante el más alto, el lobo dominante  lo agrede y lo escupe con palabras.  De pronto un fogonazo y el regordete es un toro que levanta a la res por arriba de su cornamenta y la azota con violencia contra el suelo, con la ira que acumularon los doscientos corderos que fueron masacrados cada tarde en el patio de la escuela. Nadie atiende al dolorido cuerpo que se arrastra sobre el suelo, mientras el silencio y la incredulidad inundan la tarde. El obeso de las pocas palabras se aleja tranquilo con la mirada fría, que suele tener el  líder de la jauría.

        Retirada

        César Raúl González Bonilla

         

        ¿Qué si estoy cansado?

        Sí, me siento exhausto.

        ¿Qué si estoy derrotado?

        Sí, me han abatido.

        Pudieron los más

        sobre los buenos,

        faraones y príncipes

        insulsos.

        Los obtusos herederos,

        ociosos productores de veneno,

        tóxicos esquiroles del tiempo,

        me han superado.

        Este mi mundo es un burdel

        donde se vende

        al mejor postor ciencia e ingenio.

        Me han desgastado.

        No tuvo final feliz

        esta película,

        nunca llegaron los refuerzos esperados.

        Que se pudran solos,

        yo me retiro.

        Requiero un descanso,

        rearmar mis piezas,

        conectar mis piernas,

        ensamblar mis brazos,

        juntar todos mis fragmentos

        y curar, una a una, mis heridas.

        Después de todo, amo la vida,

        me niego a creer que todo es malo.

        Hay que buscar,

        porque hay talento,

        no es muy tarde todavía.

        Me queda tiempo.

         

         

        El poema Retirada es un canto íntimo a la derrota y a la persistencia. El hablante reconoce su cansancio y el desgaste provocado por un mundo corrupto que mercantiliza la inteligencia y la virtud. Sin embargo, la voz poética no se rinde: busca recomponerse, sanar y reafirmar su amor por la vida.