La ciudad sin jinete

César Raúl González Bonilla

“No hay quien tome las riendas del asfalto.”

En dónde está el jinete 

que pueda llevar la rienda de este río

convertido en avenida,

o el bastón capaz de separar la luz en dos

para que crucemos todos,

el brazo que perfore pasadizos subterráneos

en el laberinto de concreto,

el Humvee capaz de atravesar las agonías,    

una mano que nos tome a la orilla del desfiladero;

En dónde está el viejo sabio de los cuentos,

el diestro espadachín de las películas antiguas.

A quién habremos de empujar para que

 el mundo se mueva -por lo menos- un milímetro.

La ciudad sin jinetes es una reflexión poética sobre la pérdida de liderazgo, propósito y sentido en la modernidad. A través de un lenguaje que mezcla lo mítico y lo urbano, el poema evoca la búsqueda inútil de figuras capaces de guiar a una humanidad extraviada entre avenidas, concreto y rutina. La voz lírica cuestiona…

Mi nieta Emma

César Raúl González Bonilla

«Para Emma, que ilumina el día con su risa.»

El sol revuela con Emma:
menuda, ligera, risueña.
Tiene ojos saltarines
y dos hoyuelos de fiesta;
su pelo es un remolino
donde anidan travesuras.

Emma alborota todo lo que toca:
los lápices, los cuentos, los peluches;
su cuarto es un desorden feliz.

Emma inventa mundos —muy sorprendentes—,
mundos que nadie espera:
que si el cielo también se enoja,
o las estrellas hacen gimnasia.

Emma es ágil como un rayo,
hace muy bien las piruetas,
y sabe multiplicar… las sonrisas.

A veces extraño a Emma,
pero su risa vuela,
y también hace piruetas.

El amor no tiene fronteras,
y basta una mirada
para hacerme bueno el día.

Mi nieta Emma es un retrato luminoso de la infancia visto desde la ternura y la distancia del abuelo. El poema celebra la curiosidad, la alegría y la inteligencia de una niña que transforma todo lo que toca en asombro. Entre peluches, preguntas y piruetas, Emma encarna la energía vital del amor familiar que vence…

El barrio despierta

César Raúl González Bonilla

“La ciudad sueña con ser amable.”

En el aire frío del otoño,
el barrio se resiste a la mañana,
y los edificios comienzan a inquietarse.
Los árboles solo observan,
con los restos de la primavera
entre sus ramas.
Los pájaros hurgan en las sobras,
y las sombras juegan a trepar por las paredes.

Muros donde viven grietas,
ventanas sin dientes,
y ladrillos desnudos.

Azoteas de telarañas,
y de antenas que se contorsionan
tratando de olfatear al cielo.

Las fachadas desteñidas,
rojas y azules —que fueron azules y rojas—,
señalan que alguien adentro tiene vida.

Condominios o viviendas —simplemente—,
son como legos de familias apiladas,
cada cual con sus proles y problemas.

En los balcones la ciudad respira:
las camisas agitan su saludo,
las ollas expiden el olor de la manteca,
los radios alborotan,
y los niños inventan el futuro.

Es la ciudad que respira y se levanta;
la casa de todos
solo por hoy quiere ser buena,
como si soñara
que aún puede ser amable.

El barrio despierta es una mirada poética al amanecer urbano: un retrato del momento en que la ciudad, entre la rutina y el desgaste, recupera su respiración. Desde las grietas de los muros hasta el olor de la manteca en los balcones, el poema observa con ternura y lucidez el pulso cotidiano de quienes habitan…

Mujeres que remueven la ceniza

César Raúl González Bonilla

«La tierra guarda para no olvidar.»

Mujeres que remueven la ceniza,

donde cada piedra es una sombra:

predios huérfanos, fermentos de soledad,

basureros y sumideros sin nombre,

lo inconcuso de la muerte;

terrenos baldíos, ríos de secretos turbios

en la frontera donde la memoria respira

y la esperanza se erosiona.

Madres con sed:

la justicia atascada en la garganta;

sílice que asfixia,

estatutos y códigos de papel,

promesas perdidas

en la voz de los hijos ausentes.

Tumbas vacías y desmemoria:

cementerios de zapatos,

sepulcros de la última camiseta,

aquel pantalón envejecido,

rostros convertidos en hilachos;

una plegaria que se hunde

entre los hallazgos del forense.

Señora, matriz y vientre

en búsqueda

del salitre de los cadáveres:

colisión contra los astutos sicarios de “La Maña”,

cómplices funcionarios y subalternos,

la omisión hecha rutina.

Mujeres en búsqueda del descanso:

Llanto suspendido,

un cuerpo, un acuerdo con la muerte;

un nombre que regrese al polvo,

respuesta concreta a la pregunta

sobre la ciega fiereza de los vivos.

Madre Tierra,

huesos, piel, certeza,

brotes de memoria que reclaman

en la entraña del olvido.

“Mujeres que remueven la ceniza” es un poema coral y elegíaco que retrata la búsqueda incansable de las madres mexicanas que escarban la tierra para encontrar a sus hijos desaparecidos. A través de imágenes de polvo, ceniza y silencio, el texto transita del territorio devastado a la intimidad del duelo, de la denuncia social a…

Versos diversos

César Raúl González Bonilla

“En la diversidad se construye la casa de lo humano.”

Hay otros como yo,
que tienen palabras distintas
y silencios
que no se parecen a mi sombra.

Son raíces y tallos
que se expanden como múltiples destellos.

En cada brote hay una idea
que madura en frutos con semillas de promesas.

Son rostros extraños,
forasteros de mi fe,
que me encuentran
como tangente que roza y acaricia.

Son figuras que se enlazan,
ecos de las mismas conjeturas.

Unas voces son espejos,
otras son opuestas, discordantes.

Equilibrio de los ángulos quebrados.

Voces que abren puertas
donde yo levanto muros;
encienden luces
allí donde yo cultivo sombras,
y cantan
donde yo apenas murmuro.

Todas estas voces se reinventan
en la falta de certeza;
travesías de memorias enlazadas,
por el abismo de lo incierto,
rutas que confluyen en
un horizonte donde amanece lo posible.

Este que soy, incompleto,
necesita de los otros,
del que me contradice
y aclara la luz que no alcanzo a mirar
porque me ciega.

Somos un lago en el que desembocan
los arroyos del asombro,
aguas serenas que reflejan
la paradoja de lo humano.

Yo no soy sin la esencia de los otros.
En este mosaico plural
cada trazo desigual es concordante.
En nuestras divergencias
está el punzón que nos cincela.

Versos Diversos explora la interdependencia humana mediante imágenes de raíces, destellos, voces y geometrías. El yo poético reconoce su incompletud y halla en la diversidad un mosaico plural donde las diferencias cincelan y fortalecen. De la incertidumbre surge un horizonte posible: la esencia individual solo existe con la de los otros.

Reencuentro con Nicolás

César Raúl González Bonilla

Al morir, nos sembramos en la tierra.

Nos reencontraremos, Nicolás,

donde el dios del fuego,

señor de las estaciones,

nos tiene reservada una parcela.

En aquel universo horizontal

sembraremos maíz, Nicolás,

desde el otro lado del aliento.

Ahí, donde veremos crecer las raíces

de los cuatro árboles que sostienen a la tierra.

Será la mejor vista para presenciar

como germina el frijol.

Espéranos Nicolás, sin mucha prisa,

podremos curiosear

lo que ahora sólo imaginamos.

De nuestro cabello surgirán las flores,

de nuestra piel nacerán las hormigas

y serán los ojos nuestros, manantiales.

Estaremos cobijados por barro,

quedará sólo el barro

y beberemos, Nicolás, desde la noche,

la sangre del maguey hasta el hartazgo

y cantarás

desde el silencio, un poema.

Reencuentro con Nicolás es un poema ritual y profundo en el que César Raúl González Bonilla transforma la despedida en un canto de continuidad y esperanza. A través de imágenes que evocan la cosmovisión mesoamericana —el maíz, el frijol, el barro, el maguey— la voz poética promete un reencuentro con Nicolás en el horizonte sagrado donde la vida y la muerte se entrelazan.En ese universo horizontal, los…

Pescadores

César Raúl González Bonilla

«El mar duerme antes de volver a respirar.”

Cuando cae la tarde en el estero

barre el viento decembrino

el fastidio de las sombras alargadas.

Ya esperan las balsas en cardumen

beber la sal y alcanzar el horizonte.

Será mañana,

hoy descansan al vaivén de la resaca

rechinando suavemente la madera.

El cansancio lleva peces en la cesta

y sus huellas viajarán con la marea.

Hallarán la noche

arropadas por su manto de consuelo.

Será por la mañana

cuando despunte el día.

Las siluetas empapadas

tomarán las cestas,

remontarán el tremor del azul interminable

para descubrir de nuevo el horizonte.

El poema describe el reposo vespertino de las balsas en un estero tras la jornada de pesca. La tarde decembrina, el viento y el vaivén de la resaca acompañan el descanso de hombres y embarcaciones. Con un tono contemplativo, el texto celebra la quietud y anticipa el renacer del día siguiente.

Retirada

César Raúl González Bonilla

 

¿Qué si estoy cansado?

Sí, me siento exhausto.

¿Qué si estoy derrotado?

Sí, me han abatido.

Pudieron los más

sobre los buenos,

faraones y príncipes

insulsos.

Los obtusos herederos,

ociosos productores de veneno,

tóxicos esquiroles del tiempo,

me han superado.

Este mi mundo es un burdel

donde se vende

al mejor postor ciencia e ingenio.

Me han desgastado.

No tuvo final feliz

esta película,

nunca llegaron los refuerzos esperados.

Que se pudran solos,

yo me retiro.

Requiero un descanso,

rearmar mis piezas,

conectar mis piernas,

ensamblar mis brazos,

juntar todos mis fragmentos

y curar, una a una, mis heridas.

Después de todo, amo la vida,

me niego a creer que todo es malo.

Hay que buscar,

porque hay talento,

no es muy tarde todavía.

Me queda tiempo.

 

 

El poema Retirada es un canto íntimo a la derrota y a la persistencia. El hablante reconoce su cansancio y el desgaste provocado por un mundo corrupto que mercantiliza la inteligencia y la virtud. Sin embargo, la voz poética no se rinde: busca recomponerse, sanar y reafirmar su amor por la vida.