César Raúl González Bonilla
«Tu ruta sigue escrita en mi bitácora.»
En vez de brújula, una losa
y en vez de mapas, laberintos.
Recibiste el timón frente al eclipse
y emergió tu carácter, a golpes de marea.
Aprendiste a navegar bajo nubes encrespadas,
contra el ciclón, siguiendo al viento.
Así fuiste mi capitán y mi piloto;
-sensato casi siempre,
testarudo por momentos-
viendo la luz hacia lo justo
y a todos nos llevaste hasta la calma:
soltar amarras sólo, para entrar a puerto juntos.
Pasó el instante que se mide en vidas;
mírame ahora, Almirante de mi plasma:
soy la cosecha de tu viaje,
nuevos tripulantes, otros horizontes:
cada cual con su mar, su derrotero
en la bitácora que escribe nuestros lazos.
Descansa, continúa la travesía.
En Almirante, el hablante se dirige a quien le legó el mando, la fuerza y la ruta: una figura que encarna la guía, el temple y la herencia. Desde la oscuridad del eclipse hasta la calma del puerto, el poema traza un viaje de aprendizaje, pérdida y continuidad. El mar, con su lenguaje de brújulas rotas, tormentas y horizontes, se convierte en espejo de la vida transmitida y del amor que persiste en movimiento. “Tu ruta sigue escrita en bitácora” resume esa fusión entre memoria y presencia: el legado se disuelve, pero nunca desaparece.