Trémulo murmullo

César Raúl González Bonilla

“El deseo es tocarte sin tocarte.”

no quiero verte,

ni pensarte,

ni escuchar el temblor de tu voz,

o nuestros labios se reúnan.

quiero que mis manos sean curiosas,

que mi tacto vague

por tu piel de satín tibio;

rozarte apenas

-apenas levemente-

con la punta de los dedos.

deslizarme

ser temblor y escalofrío,

ser corriente,

fluido,

marea que llega y te abandona.

sin tocarte,

casi tocarte,

en la frontera tibia de tu cuerpo

hasta ocuparte toda.

vaivén que vacila,

sentir tu ondulación

a la distancia,

como se mecen las flamas.

girar contigo

en el espiral del vértigo

hasta que tu nombre se disuelva

y quede solo

un trémulo murmullo.

“Trémulo murmullo” es un poema de erotismo contenido donde el deseo se manifiesta como paradoja: anhelar el contacto sin alcanzarlo. El hablante oscila entre la negación y la entrega, entre el impulso y la distancia. A través de imágenes líquidas, térmicas y táctiles, el cuerpo se vuelve lenguaje y el roce, un modo de existencia.…

Almirante

César Raúl González Bonilla

«Tu ruta sigue escrita en mi bitácora

En vez de brújula, una losa

y en vez de mapas, laberintos.

Recibiste el timón frente al eclipse

y emergió tu carácter, a golpes de marea.

Aprendiste a navegar bajo nubes encrespadas,

contra el ciclón, siguiendo al viento.

Así fuiste mi capitán y mi piloto;

-sensato casi siempre,

testarudo por momentos-

viendo la luz hacia lo justo

y a todos nos llevaste hasta la calma:

soltar amarras sólo, para entrar a puerto juntos.

Pasó el instante que se mide en vidas;

mírame ahora, Almirante de mi plasma:

soy la cosecha de tu viaje,

nuevos tripulantes, otros horizontes:

cada cual con su mar, su derrotero

en la bitácora que escribe nuestros lazos.

Descansa, continúa la travesía.

En Almirante, el hablante se dirige a quien le legó el mando, la fuerza y la ruta: una figura que encarna la guía, el temple y la herencia. Desde la oscuridad del eclipse hasta la calma del puerto, el poema traza un viaje de aprendizaje, pérdida y continuidad. El mar, con su lenguaje de brújulas rotas, tormentas y horizontes, se convierte en espejo de la vida transmitida y del amor que persiste en movimiento. “Tu ruta sigue escrita en bitácora” resume esa fusión entre memoria y presencia: el legado se disuelve, pero nunca desaparece.

Pescadores

César Raúl González Bonilla

«El mar duerme antes de volver a respirar.”

Cuando cae la tarde en el estero

barre el viento decembrino

el fastidio de las sombras alargadas.

Ya esperan las balsas en cardumen

beber la sal y alcanzar el horizonte.

Será mañana,

hoy descansan al vaivén de la resaca

rechinando suavemente la madera.

El cansancio lleva peces en la cesta

y sus huellas viajarán con la marea.

Hallarán la noche

arropadas por su manto de consuelo.

Será por la mañana

cuando despunte el día.

Las siluetas empapadas

tomarán las cestas,

remontarán el tremor del azul interminable

para descubrir de nuevo el horizonte.

El poema describe el reposo vespertino de las balsas en un estero tras la jornada de pesca. La tarde decembrina, el viento y el vaivén de la resaca acompañan el descanso de hombres y embarcaciones. Con un tono contemplativo, el texto celebra la quietud y anticipa el renacer del día siguiente.