César Raúl González Bonilla
“El deseo tiene cadencia de penumbra.”
En la tibia madrugada que dormita,
un motor arrulla al silencio de la noche;
-eco lejano-, sumiso habitante de la calle.
La oscuridad aún no alcanza a disolverse
cuando una silueta se refugia en otra sombra,
el contorno se dibuja en el borde de la aureola,
ladera que sueña boca abajo.
La cadencia acompaña el roce de los labios,
melodía sinuosa desde el cuello hasta la espalda.
En la oscuridad, los ojos se buscan sin hallarse;
recitan sus nombres, enlazan las piernas,
se toman las manos y bailan despacio.
Al compás de la penumbra, jadean con cadencia,
y flotan al ritmo del tango de Piazzolla.
El zumbido vuelve,
los dos languidecen y siguen soñando descalzos.
Tango nocturno es una coreografía entre el silencio y la piel. En la quietud de la madrugada, el rumor distante de la ciudad se funde con el pulso de dos cuerpos que se buscan en penumbra. La música de Piazzolla, evocada más que oída, guía una danza donde el deseo tiene ritmo y memoria. Cuando…