Colisión cósmica

César Raúl González Bonilla

“La creación es el choque de los cuerpos que se buscan.»

Dos estrellas viajan por el universo,

errantes vagabundas.

Solas y perdidas cruzan sus caminos,

y el azar decide que se encuentren.

Destellos de luz por la misma vía,

hacia el mismo punto;

se curva el espacio,

-cuerpos que se inclinan-

y más aceleran, cuando más se acercan.

La explosión estalla con tanta violencia,

que se desintegran.

Giran los despojos en un torbellino,

se condensa el polvo y nace otra estrella.

En nuestro universo de lo cotidiano,

tu mirada tibia viaja distraída

y por buena suerte converge con la mía.

Se condensa el tiempo

cuando me seduces:

magnético espacio donde gravitamos

entre laberintos y la incertidumbre.

Las miradas chocan -estalla el deseo-,

y se vaporizan.

Sus cenizas danzan con delicadeza,

El temblor se extingue, regresa la calma.

El tiempo renace

cuando las miradas así se amalgaman

Colisión cósmica es una metáfora del encuentro entre dos seres que, como estrellas errantes, se atraen y transforman mutuamente. El poema transita del universo astral al humano, de la energía a la emoción: el espacio se curva, el tiempo se condensa y del impacto nace una nueva luz. Entre la física y el deseo, la…

Tango nocturno

César Raúl González Bonilla

“El deseo tiene cadencia de penumbra.”

En la tibia madrugada que dormita,

un motor arrulla al silencio de la noche;

-eco lejano-, sumiso habitante de la calle.

La oscuridad aún no alcanza a disolverse

cuando una silueta se refugia en otra sombra,

el contorno se dibuja en el borde de la aureola,

ladera que sueña boca abajo.

La cadencia acompaña el roce de los labios,

melodía sinuosa desde el cuello hasta la espalda.

En la oscuridad, los ojos se buscan sin hallarse;

recitan sus nombres, enlazan las piernas,

se toman las manos y bailan despacio.

Al compás de la penumbra, jadean con cadencia,

y flotan al ritmo del tango de Piazzolla.

El zumbido vuelve,

los dos languidecen y siguen soñando descalzos.

Tango nocturno es una coreografía entre el silencio y la piel. En la quietud de la madrugada, el rumor distante de la ciudad se funde con el pulso de dos cuerpos que se buscan en penumbra. La música de Piazzolla, evocada más que oída, guía una danza donde el deseo tiene ritmo y memoria. Cuando…

Pregunta uno

César Raúl González Bonilla

«La prisa del cuerpo o la paciencia del alma»

Me pregunto si es preciso once minutos,

dos horas, o la vida entera en un jadeo,

si hay que hacerlo lentamente

o acabarse el cuerpo con premura,

si el amor se mide en unidades de libido

o en pequeñas gotas de ternura.

¿Es preferible el éxtasis efímero,

o es mejor la simpatía ?

¿La suavidad de una mirada y el aprecio,

condensar una pareja con esmero,

o dejar que nos lleve la lujuria,

antes de llegar la indiferencia ?

César Raúl González Bonilla reflexiona sobre la naturaleza del amor, cuestionando si se mide en deseo físico o en momentos de ternura. Plantea la dicotomía entre el placer efímero y la conexión emocional duradera, explorando si es preferible la pasión intensa o la intimidad sincera en las relaciones.

Los otros

César Raúl González Bonilla

«No es uno el que habita en el espejo«

Hay otro como yo

que se refugia en mi fachada.

Ese mitigó la sed un día en el oasis de sus pechos,

observó como germina el polen

con la lluvia dorada de su pelo

y me hizo creer nuevamente en la ternura.

Existe uno como yo.

Aquel que no soy

puede acariciar la seda,

el dorso de la mujer que me quiso un día.

Este que soy

no piensa mucho,

apaga la luz,

acomoda la soledad en sus cobijas

y pretende dormir sereno.

El poema de César Raúl González Bonilla explora la dualidad del ser y la búsqueda de conexión. El hablante reconoce la existencia de otro yo que anhela la ternura y el amor, contrastando con su propia soledad y su deseo de paz interior. La reflexión sobre la identidad y las emociones es central.

La habitación del viejo

César Raúl González Bonilla

«El tiempo cabe en un corazón obstinado»

El universo de mi padre es diminuto,

transcurre entre una cama y un sillón de tela negra.

Sus noches son de tos y pulmones encharcados

que tratan beber un poco de aire.

Son sus mañanas de luz cortada

en rebanadas alargadas

y el protocolo interminable de pastillas.

El tiempo de mi padre es tan pequeño,

que se mide en instantes de lucidez de los sentidos.

Cinco relojes de pared

musitan como grillos que cantan en la noche

Son segundos fugitivos,

papel en una bolsa de desechos,

tabletas en periodos de seis horas,

un futuro propio que contemplo en su mirada.

El cuarto de mi padre es una playa

de oleaje de satín y de silencio.

Es apenas un rumor y balbuceo

que señala un verbo con el dedo.

Lo poco que vive en ese cuarto

es un corazón que se niega desistir

mientras oficio el ceremonial del lavado de su carne.

La habitación del viejo describe con ternura y dolor el mundo reducido de un padre enfermo. Su universo se limita a un cuarto y unos cuantos objetos: cama, sillón, pastillas, relojes. Entre el silencio y la respiración dificultosa, el hijo acompaña y cuida, contemplando su propio futuro reflejado en el padre.

Agonía interrumpida

César Raúl González Bonilla

Aquel lívido moribundo estaba extenuado de ambicionar ser cadáver definitivo, cuando abrió su ojos hundidos, profundos como pozos  y le dijo a su compañera  “Hace mucho debiera estar muerto, pero no puedo retirarme sin decirte que tengo otro hogar, una mujer y otros mis hijos”. La señora pasó su mano sobre la cabeza del agonizante sin decir nada, mientras éste llenó sus pulmones con aire y exhaló lentamente por última vez, dejando escapar la vida con un ligero silbido, una mueca parecida a una sonrisa y sin dejar testamento.

Tu sonrisa tiene

César Raúl González Bonilla

Toda sonrisa es profesía
 
Tu sonrisa tiene un lado obscuro,
insinuación apenas de la flama
oculta en la hojarasca.Sospecha del aliento
en el umbral del otro lado del espejo.
 
Es el rumor en el silencio de la noche,
la madrugada de Casitas,
palpitar del mar tranquilo
que no se cansa de acariciar la playa.

Hay una tenue invitación en tu sonrisa
a transponer el origen del rocío
para saciar la sed
y cabalgar en la grupa de la magia.

Tu sonrisa es un débil contorno del deseo,
sombra en la penumbra
a las seis de la mañana,
profecía de un amanecer desconocido.

Tu sonrisa tiene» es un poema intimista y sensorial que explora el misterio y la profundidad de una sonrisa que va más allá de lo visible. La sonrisa aquí se convierte en umbral, en invitación secreta a un territorio de deseo, magia y amanecer. Es un canto a la ambigüedad y la belleza oculta, al presentir algo más allá del reflejo, del silencio y del instante.

Murmullo

César Raúl González Bonilla

No quiero verte,
ni pensarte
ni escucharte,
ni besar tu boca.

Quiero que mis manos
te conozcan,
rozar apenas tu piel
de satín tibio,
con la punta de mis dedos,
escurrirme
con ansia para ocuparte toda
sin tocarte
o tocarte apenas,
para sentir el eco distante
inaccesible
de tu cuerpo estremecido,
girar
y fluir,
en el vértigo
perenne de tus pechos.

Un día

César Raúl González Bonilla

“El infierno se aburre cuando decido sonreír”

Sólo por hoy,
no me importan los pecados,
ni el chantaje del infierno
ni virtudes, ni indecencia
o sueños aniquilados.

Hoy solamente,
no me interesa la ciencia,
ni dogmas o paradigmas,
incultura o ignorancia
y menos la inexistencia

Hoy día,
No me turban los procesos judiciales,
Ni fiscales o testigos,
No requiero de perdones,
ni promesas maritales.

Hoy,
cuando caiga el día,
habré tirado mi inmundicia a la basura,
probado un pedazo de alegría
y vagado al alzar por tu figura

Un poema rebelde que suspende culpas, dogmas y juicios “solo por hoy”, para despojarse de la carga moral y social. Entre ironía y desdén, el hablante lírico proclama su derecho a un instante de libertad, donde un gesto simple —un pedazo de alegría y la figura amada— se vuelve redención.