El barrio despierta

César Raúl González Bonilla

“La ciudad sueña con ser amable.”

En el aire frío del otoño,
el barrio se resiste a la mañana,
y los edificios comienzan a inquietarse.
Los árboles solo observan,
con los restos de la primavera
entre sus ramas.
Los pájaros hurgan en las sobras,
y las sombras juegan a trepar por las paredes.

Muros donde viven grietas,
ventanas sin dientes,
y ladrillos desnudos.

Azoteas de telarañas,
y de antenas que se contorsionan
tratando de olfatear al cielo.

Las fachadas desteñidas,
rojas y azules —que fueron azules y rojas—,
señalan que alguien adentro tiene vida.

Condominios o viviendas —simplemente—,
son como legos de familias apiladas,
cada cual con sus proles y problemas.

En los balcones la ciudad respira:
las camisas agitan su saludo,
las ollas expiden el olor de la manteca,
los radios alborotan,
y los niños inventan el futuro.

Es la ciudad que respira y se levanta;
la casa de todos
solo por hoy quiere ser buena,
como si soñara
que aún puede ser amable.

El barrio despierta es una mirada poética al amanecer urbano: un retrato del momento en que la ciudad, entre la rutina y el desgaste, recupera su respiración. Desde las grietas de los muros hasta el olor de la manteca en los balcones, el poema observa con ternura y lucidez el pulso cotidiano de quienes habitan…

Tango nocturno

César Raúl González Bonilla

“El deseo tiene cadencia de penumbra.”

En la tibia madrugada que dormita,

un motor arrulla al silencio de la noche;

-eco lejano-, sumiso habitante de la calle.

La oscuridad aún no alcanza a disolverse

cuando una silueta se refugia en otra sombra,

el contorno se dibuja en el borde de la aureola,

ladera que sueña boca abajo.

La cadencia acompaña el roce de los labios,

melodía sinuosa desde el cuello hasta la espalda.

En la oscuridad, los ojos se buscan sin hallarse;

recitan sus nombres, enlazan las piernas,

se toman las manos y bailan despacio.

Al compás de la penumbra, jadean con cadencia,

y flotan al ritmo del tango de Piazzolla.

El zumbido vuelve,

los dos languidecen y siguen soñando descalzos.

Tango nocturno es una coreografía entre el silencio y la piel. En la quietud de la madrugada, el rumor distante de la ciudad se funde con el pulso de dos cuerpos que se buscan en penumbra. La música de Piazzolla, evocada más que oída, guía una danza donde el deseo tiene ritmo y memoria. Cuando…

Fractales

César Raúl González Bonilla

“Mi conciencia es como un fractal”

Geometría de infinitas redundancias,

repeticiones cíclicas que atrapan,

espiral monótono que aturde.

Entre más me alejo

me encuentro más profundo:

adentro es el vacío,

a la distancia, las sombras.

Estoy despierto

porque quiero seguir soñando,

respiro en círculos concéntricos,

inconsciente en la luz de la parábola.

Soy creyente:

temo al diablo que me acecha,

y me niego a creer

porque Dios necesita tiranía.

Desmantelo pieza a pieza,

el andamio de mis ilusiones.

Fragmentos de espejismos,

que conforman recursivas fantasías.

Místicos y sabios intransigentes

todo prometen porque nada tienen.

El clérigo vende la verdad cotidiana

de un edén inexistente

y el alquimista cuántico regatea la mentira

de un universo real, que nos desborda.

Tanto que quise ser,

lo que hoy tanto desdeño.

Tanto que quiero construir,

con tan poco tiempo venidero.

Lo único cierto es la agonía.

Un poema que explora la conciencia como geometría infinita: paradojas de adentro y afuera, vigilia y sueño, fe y negación. Con imágenes de fractales, sombras y espejismos, la voz lírica cuestiona certezas religiosas y científicas hasta desmantelar ilusiones, revelando una conclusión contundente: lo único cierto es la agonía.

El cazador de pesadillas

César Raúl González Bonilla

El sueño es la trampa perfecta

El cazador de pesadillas estaba perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado en otro sueño.

Gran mal

César Raúl González Bonilla

“Cuando el cerebro sueña entre tormentas” 

Llega con la brisa del poniente,
hálito que presagia el torbellino.
Emerge dócil
la suave luz que invade
por completo el cobertizo.

Viene de neuronas insurrectas
que tienen, entre las cisuras, madriguera.

La tormenta se desata con un grito,
el cerebro se descarga en energía,
los músculos se contraen con tal violencia
que la lengua yace sobre el suelo.

Ya se agita la silueta entre la espuma,
el océano brota del respiro.
Es una orgía de electricidad
y estroboscopio.
Danza aquel objeto taladrando el pavimento.

La tormenta absoluta se despide,
Se va
con la brisa suave del poniente.
El letargo de las horas,
somnolencia
y la razón es un recuerdo nebuloso.

Ya vendrá,
vestido con la brisa del poniente
el hálito que presagia el torbellino.
Ya vendrá.

 

En “Gran mal”, la mente es un océano eléctrico donde las neuronas desatan tormentas. El poema traduce la crisis epiléptica en una experiencia cósmica: descarga, caos y resurgimiento. Entre ciencia y poesía, la conciencia se contempla a sí misma soñando entre relámpagos, atrapada en el ciclo eterno de la energía y el olvido.