Lupus eritematoso

César Raúl González Bonilla

El enemigo soy yo

Ya no me reconozco como propio.
No soy el que se mira a través de los espejos,​
Mis genes iniciaron la revuelta,
me tomaron por asalto, usurparon mis tejidos.
El saqueo se escurre por los núcleos,
corrompe los collares de la vida.
Es un motín de muerte programada,
es un lobo negro que me muerde
desde dentro.
La mariposa de fuego surgió de la luz
ultravioleta,
se posó en mi rostro, me dejó su marca,
como los hierros marcan a las reses.
El incendio se extiende en la llanura
depositando retazos de mi cuerpo en las arterias,
pulmones de carbón y piernas de ceniza.
Veo el corazón cómo se ensancha
y dejan de filtrar los dos riñones.
Ya no hay tiempo de gozar lo rutinario,
se desmorona la estancia
y el futuro
es una invocación a lo apartado.

Monólogo del cuerpo que se vuelve su propio agresor. El poema explora el lupus como una metáfora del extrañamiento interior: el yo traicionado por su biología.

Carga genética

César Raúl González Bonilla

“En cada célula se esconde una sombra.”

Genes malignos y perversos,
malandrines que dictan mis conductas,
nublan el huerto en mi cerebro,
estos mis versos
y pronuncian aguijones infectos, que lastiman.

Son viles y siniestros malhechores
que cabalgan en todas mis neuronas,
liquidan la simpleza del rocío
y envenenan el aire que respiro.

Descarados duendes maliciosos,
diligentes proveedores de veneno
que adulteran mis afectos verdaderos.

Están conmigo,
somos la misma sal del pan que me alimenta,
construimos la soledad en compañía
y esperamos la muerte que libera.

 

 

Carga genética explora la lucha interior entre la biología y la conciencia. El hablante describe sus genes como seres perversos que gobiernan sus actos y corrompen sus emociones. Con tono lúcido y sombrío, acepta su condición y reconoce que la vida y la muerte son parte del mismo linaje inevitable.