César Raúl González Bonilla
«El clima del alma también conoce estaciones”
El ecosistema dentro de mi cabeza es tropical. Es caluroso y llueve, llueve mucho casi todo el año. La llovizna de pensamientos es pertinaz y eso causa que mis neuronas estén siempre encharcadas de sentimientos y que crezca mucha maleza de reflexiones inútiles. Esto entorpece las conexiones entre mis cerebros más antiguo y el más nuevo, lo que provoca que tomen control mis emociones y se paralice mi capacidad de decidir. En ocasiones hasta puede haber corto circuitos de ideas contradictorias. En la temporada de otoño se presentan tremendos aguaceros, que causan inundaciones y destrozos que requieren largos periodos de reparaciones. Los ríos de cavilaciones se desbordan y las aguas buscan su salida por mis ojos. Los muchos años que tomó la construcción de ciudades colosales de quimeras y pesadillas edificadas de manera absurda, han producido últimamente un calentamiento y deterioro global, que se caracteriza por zonasdesérticas en las que hay tormentas de arena de tristeza y yacen sueños no realizados, que fallecieron por falta de agua y alimento. Ahí, la abrasadora soledad sofoca.
Un viaje introspectivo a través de un ecosistema mental tropical donde las lluvias perpetuas de pensamientos inundan neuronas y sentimientos. Entre tormentas, desbordes y ciudades de quimeras derrumbadas, emergen desiertos de soledad y sueños muertos por sed. Una metáfora íntima del desorden emocional y la fragilidad de la mente.