César Raúl González Bonilla
“El cuerpo se encoge; la luz se expande.”
Ya eras anciana
y te hiciste muy vieja,
cada vez más vieja,
y tus huesos que eran frágiles,
se hicieron muy frágiles,
cada vez más frágiles.
Ya eras pequeña
y te hiciste más pequeña,
muy pequeña,
cada vez más pequeña.
Ya caminabas despacio
y caminaste más despacio
con pasos muy cortos,
cada vez más diminutos.
Y tu vida que era simple,
se fue haciendo más simple.
Y tu mirada
que ya iluminaba todo,
se fue haciendo más intensa,
cada vez más profunda.
Y ya eras optimista
y te hiciste más cierta,
cada vez más serena
y tocaste una vida
y luego muchas otras.
Eres invencible.
En Mi madre, el hablante recorre con ternura la transformación del cuerpo y el espíritu materno frente al paso del tiempo. A través de repeticiones rítmicas, la vejez se muestra no como pérdida sino como una forma de depuración: el cuerpo se encoge, pero la mirada se vuelve más luminosa y profunda. El poema celebra…