El retrato de la señora

César Raúl González Bonilla

Dorina acumula arrugas en el cuerpo y resentimientos en la sangre, son marcas indelebles de los pecados capitales que comete cada día. Sufre en la monstruosidad de los deseos y carencias que se transfiguran en ira y avaricia. La Señora Gray calla el secreto íntimo que se esconde en un cuarto donde viven la soledad, el polvo y la penumbra. En ese lugar hay un atril, en el cual descansa su retrato perfecto, cubierto siempre con una sábana.