Mi nieta Emma

César Raúl González Bonilla

«Para Emma, que ilumina el día con su risa.»

El sol revuela con Emma:
menuda, ligera, risueña.
Tiene ojos saltarines
y dos hoyuelos de fiesta;
su pelo es un remolino
donde anidan travesuras.

Emma alborota todo lo que toca:
los lápices, los cuentos, los peluches;
su cuarto es un desorden feliz.

Emma inventa mundos —muy sorprendentes—,
mundos que nadie espera:
que si el cielo también se enoja,
o las estrellas hacen gimnasia.

Emma es ágil como un rayo,
hace muy bien las piruetas,
y sabe multiplicar… las sonrisas.

A veces extraño a Emma,
pero su risa vuela,
y también hace piruetas.

El amor no tiene fronteras,
y basta una mirada
para hacerme bueno el día.

Mi nieta Emma es un retrato luminoso de la infancia visto desde la ternura y la distancia del abuelo. El poema celebra la curiosidad, la alegría y la inteligencia de una niña que transforma todo lo que toca en asombro. Entre peluches, preguntas y piruetas, Emma encarna la energía vital del amor familiar que vence…

Mi nieto Ulises

César Raúl González Bonilla

A Ulises, que navega entre mis días con su luz primera.

I

Es Ulises,
un hombre en el centro de una mujer,
casi hombre semejante,
del mismo hombre,
dentro de la mujer misma.

Apenas astilla, diminuta raíz
en el centro del útero,
partícula y mendrugo de vida,
entrañas de arena y grava,
levadura del pan de mediodía.

Sueño dentro de otro sueño,
brizna de polen,
hálito espiral
del sol por la mañana,
sonrisa divina.


II

Ulises juega,
corre y salta con pasos diminutos.
Gira, da vueltas
en una feria de alboroto.

Tropieza y solloza el viento.
Viene el silencio
y luego, de la nada,
la fiesta renace de repente.

Ulises experimenta
con la risa.
¡Cómo se divierte con el balbuceo!
Es un barullo solamente
y es música, al mismo tiempo.

Ulises juega travieso,
sonríe revoltoso
y se adentra, muy tenue,
por la adivinanza de los años prometidos.

Ulises juguetea,
traza en los ensueños
el fugaz espiral que todos somos.

Juega Ulises,
sigue contento,
llévame contigo, sólo un segundo,
en un murmullo,
al ningún tiempo.

Mi nieto Ulises es un poema en dos movimientos: el primero contempla el milagro del nacimiento como acto divino y biológico; el segundo celebra la infancia como juego primordial del universo. El hablante —un abuelo que observa y se asombra— reconoce en su nieto el eco de todas las vidas anteriores, la espiral del tiempo…