César Raúl González Bonilla
Suspirar es morir sin desaparecer
La serpiente me miraba con su lengua
olfateando el miedo.
Me sedujo el cascabel con su sonido
y la noche se perdió
en la hipnosis de sus ojos.
Se dedicaba a la caza
serpenteando sigilosa
a través de mis deseos
y quede paralizado.
Me invitó a tocarla.
La toqué
muy suave
en la húmeda cavidad de su veneno.
Me mostró sus fauces,
desfogó la lujuria a través de los colmillos.
Sentí el invierno ingresando en mis arterias.
Infiltró mis intestinos,
escuché licuarse mis tejidos.
Grité en el hondo pozo interior
de mis adentros,
pero Dios estaba ocupado en sus asuntos
mientras los hombres se anudaban la corbata.
Estuve entonces suspendido
tratando de bracear en un eclipse.
Me mató
y estuve muerto por un rato
Sin antídoto nos sumerge en un viaje oscuro y fascinante donde el deseo se convierte en veneno. La serpiente, figura arquetípica de la tentación, seduce al hablante hasta paralizarlo, llevándolo a una entrega hipnótica y letal. Entre imágenes de fauces, veneno y eclipses, el poema explora la atracción fatal que consume desde dentro y deja al yo poético suspendido entre la vida y la muerte.