La senda de las hormigas

César Raúl González Bonilla

«Mentir es el preludio de la despedida.»

A veces digo mentiras.

Yo sé que en ocasiones miento,

como beber agua salada para saciar la sed

me abrazo a la sombra y la llamo cuerpo.

Yo sé que en ocasiones miento,

cuando construyo el espejismo con escombros

y me escondo detrás de una cortina de rutina.

Apago las luces donde no quiero mirar

y doblo el espejo para ver la imagen que deseo.

Yo sé que digo mentiras,

cuando pinto de azul mi jaula y la llamo cielo;

suelo enredar palabras como hilos

y tejerlas de manera que no hieran

Te respiro como un humo dulce,

tu cuerpo es mi ritual, mi abismo y mi consuelo.

Me trago las mentiras -aunque sé que tienen filo-

cuando tus ojos buscan a los míos,

me refugio en las grietas en el suelo

y trato de encontrar en la senda

que dejan las hormigas

una forma amable de decir ya no te quiero.

La senda de las hormigas explora la fragilidad de la verdad y las pequeñas traiciones cotidianas que tejemos para sobrevivir. A través de imágenes íntimas y potentes —jaulas pintadas de azul, espejismos, sombras— el poema se convierte en un acto de confesión donde la mentira aparece como un refugio y, al mismo tiempo, como un filo que hiere. Las hormigas, con su silenciosa y meticulosa caminata, simbolizan el intento de encontrar un sendero sutil para pronunciar lo indecible: el fin de un amor.