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César Raúl González Bonilla
La sombra es la huella que deja la memoria
El sol aparece soñoliento
cuando el limbo recoge la silueta del estilo.
Allí donde la luz vence a la sombra
el geranio bebe sorbos de luz
a partir de las diez de la mañana.
Sol de invierno
hoguera y cobre
que calienta apenas
camina por el jardín
obsesivo y metódico,
fiel a su ritual, lento y preciso.
El viejo reloj
sin péndulos ni carrillones
cuenta los instantes
en una rebanada de penumbra:
centinela inmóvil
de los dramas cotidianos.
En el contorno proyectado en la tierra
-allí donde la oscuridad comienza-
reposan universos en pausa
listos para ser habitados.
La vida termina, su sombra permanece.
Si las sombras hablaran,
pedirían un cuerpo
para morir de nuevo.
Quien pudiera robar
las sombras a los vivos
para verlos morir
y ensayar resurrecciones.
Reloj de sombra describe un reloj solar que observa silencioso el paso del tiempo en un jardín invernal. Con imágenes delicadas y reflexivas, el poema explora la fugacidad de la vida, la permanencia de las sombras y la obsesión humana por medir y habitar el tiempo, incluso en su ausencia.