César Raúl González Bonilla
«Recordar es una forma de resucitar»
Los fantasmas temen al sonido de las voces,
a las fotografías donde respiran;
temor a que -los vivos- los recuerden,
y, en cada memoria, los convoquen.
Los obligan a dejar la soledad,
el encanto eterno del desierto,
y a sentir de nuevo carne y sangre.
El poema invierte la lógica habitual del miedo: no son los vivos quienes temen a los muertos, sino los fantasmas quienes temen ser recordados. En esa inversión, el recuerdo se vuelve castigo, pues obliga al alma errante a revivir la carne y la emoción que quiso abandonar.