Los fantasmas tienen miedo de los vivos

César Raúl González Bonilla

«Recordar es una forma de resucitar»

Los fantasmas temen al sonido de las voces,

a las fotografías donde respiran;

temor a que -los vivos- los recuerden,

y, en cada memoria, los convoquen.

Los obligan a dejar la soledad,

el encanto eterno del desierto,

y a sentir de nuevo carne y sangre.

El poema invierte la lógica habitual del miedo: no son los vivos quienes temen a los muertos, sino los fantasmas quienes temen ser recordados. En esa inversión, el recuerdo se vuelve castigo, pues obliga al alma errante a revivir la carne y la emoción que quiso abandonar.

Reloj de sombra

César Raúl González Bonilla

La sombra es la huella que deja la memoria

El sol aparece soñoliento

cuando el limbo recoge la silueta del estilo.

Allí donde la luz vence a la sombra

el geranio bebe sorbos de luz

a partir de las diez de la mañana.

Sol de invierno

hoguera y cobre

que calienta apenas

camina por el jardín

obsesivo y metódico,

fiel a su ritual, lento y preciso.

El viejo reloj

sin péndulos ni carrillones

cuenta los instantes

en una rebanada de penumbra:

centinela inmóvil

de los dramas cotidianos.

En el contorno proyectado en la tierra

-allí donde la oscuridad comienza-

reposan universos en pausa

listos para ser habitados.

La vida termina, su sombra permanece.

Si las sombras hablaran,

pedirían un cuerpo

para morir de nuevo.

Quien pudiera robar

las sombras a los vivos

para verlos morir

y ensayar resurrecciones.

Reloj de sombra describe un reloj solar que observa silencioso el paso del tiempo en un jardín invernal. Con imágenes delicadas y reflexivas, el poema explora la fugacidad de la vida, la permanencia de las sombras y la obsesión humana por medir y habitar el tiempo, incluso en su ausencia.

Pregunta cinco

Por César Raúl González Bonilla

«A veces el corazón se ausenta»

¿En dónde dejé mi corazón,
en qué sitio del camino lo perdí?
Seguramente al conversar mis dos cerebros,
se fue, sin darme cuenta, por un hoyo en mi camisa.

¿Huyó mientras veía televisión indiferente,
lo perdí en un taxi, al tirar papeles viejos,
o al pagar la cuenta del supermercado?

En resumen, no está aquí,
el mediastino está vacío,
empolvado de hace tiempo
y no fluye la sangre por mis venas.

Con la promesa de un amor tardío
esperan mis células sedientas,
la resurrección o la agonía.

El autor reflexiona sobre la pérdida emocional, preguntándose dónde ha dejado su corazón. Describe momentos cotidianos que podrían haber llevado a esta ausencia. Su mediastino está vacío y anhela un amor tardío, expresando un profundo deseo de resurrección y lucha entre la vida y la agonía.