Cuervos inapetentes

César Raúl González Bonilla

«No me comieron, los cuervos permanecen en mi cuerpo.«

No me comieron

-o no han querido comerme-,

los cuervos permanecen en mi cuerpo.

Entraron sin pedir permiso

cuando desayunaba cereal por la mañana.

Hicieron su nido entre mis sueños

y se asoman a través de mis costillas;

se entretienen con el tenue ruido de la sangre,

picoteando despacio desde adentro.

Beben de mi fiebre cuando pienso,

se dedican a hacer sus agujeros

entre mi bazo y mi memoria:

 dejando irritación y costras funerales.

Cuervos sin hambre, sin deseo,

que se sacian devorando lo que callo

y graznan la suave lengua del insomnio.

No me comieron

-o no me comen todavía-

en el silencio que me habita,

los cuervos negros de las sombras.

El hablante sobrevive a su propia carroña. Los cuervos no lo devoran, lo habitan: anidan entre sus órganos, beben su fiebre y se alimentan del silencio. En este cuerpo-conciencia, lo oscuro ya no amenaza desde afuera: permanece dentro, picoteando despacio desde el pensamiento y la memoria.

Lo que persiste

César Raúl González Bonilla

“El silencio también ocupa su lugar”

Se quedó tu ausencia,
ahora tu silencio vive aquí conmigo.
Las horas que dejaste muy serias se detienen
y luego inquisitivas me observan y me inculpan.

Si vieras que difícil me resulta
descender por la penumbra de la noche;
cerrar las cortinas de mi cuarto
y refugiarme en un cajón de mi cerebro.

Persiste todavía
el espacio que dejaste en nuestra cama.
Tangente que me lleva a lo apartado,
cavidad que excavo cada vez que te acaricio.

Mientras trato de dormir
llegan las culpas,
rastrojos que convergen en mi vientre.
La ansiedad mastica los escombros
y me hace esperar lo más sombrío.
Algo va a ocurrir, es inminente,
alguien va a tocar esta mi puerta.

 

Lo que persiste es un poema de duelo y vigilia interior. El hablante lírico enfrenta la ausencia del ser amado, convertida en presencia muda que habita su espacio y su mente. Entre la penumbra, la culpa y la ansiedad, el poema explora cómo el silencio y la memoria conservan la forma del amor perdido. La…