Bienaventurado mi cerebro

César Raúl González Bonilla

«La región frontal del cerebro se entretiene con galletas, el hipotálamo es insaciable.»

Mi cerebro es feliz cuando no piensa

y las neuronas están de vacaciones.

Cuando pienso, pienso en círculos,

que deben tener órbitas perfectas,

circunferencias bien redondas.

Busco en cada arista el mismo radio:

en cada curva, las esquinas.

Cuando mi mente está vacía,

es un santuario que respira.

Pensar genera zumbidos;

y la ignorancia, sosiego.

Entonces, mi cerebro está contento:

sabe que ignora e ignora lo que sabe.

Bienaventurado el que no piensa,

-dichosas reflexiones derretidas-,

porque -al menos-poco se equivoca.

En tono irónico y reflexivo, Bienaventurado mi cerebro explora la fatiga del pensamiento y el anhelo de descanso mental. La voz poética convierte la neurociencia en una parábola moderna sobre la sabiduría del no pensar, donde la ignorancia se revela como una forma de serenidad y la mente, un organismo que busca —sin éxito— su…

La intensidad del silencio

César Raúl González Bonilla

“El silencio se escucha en la memoria.”

El silencio es tan profundo que no escucho nada:
la sombra de mi propio pensamiento,
el zumbido de mis huesos.

El silencio es tan hondo que no puedo oír
la explosión del mundo,
el rumor del cosmos.

El silencio es tan intenso que escucho
el peso del aire detenido,
el sonido de la pérdida.

El silencio lo ocupa todo
cuando el recuerdo regresa
y tu nombre espera que cese el griterío.

La intensidad del silencio explora la frontera entre el sonido y la memoria. A través de una serie de imágenes sensoriales, el poema convierte el silencio en una materia viva: un espacio donde resuenan el pensamiento, el cuerpo, el cosmos y la pérdida. La voz poética desciende desde lo físico hasta lo emocional, descubriendo que…

Fractales

César Raúl González Bonilla

“Mi conciencia es como un fractal”

Geometría de infinitas redundancias,

repeticiones cíclicas que atrapan,

espiral monótono que aturde.

Entre más me alejo

me encuentro más profundo:

adentro es el vacío,

a la distancia, las sombras.

Estoy despierto

porque quiero seguir soñando,

respiro en círculos concéntricos,

inconsciente en la luz de la parábola.

Soy creyente:

temo al diablo que me acecha,

y me niego a creer

porque Dios necesita tiranía.

Desmantelo pieza a pieza,

el andamio de mis ilusiones.

Fragmentos de espejismos,

que conforman recursivas fantasías.

Místicos y sabios intransigentes

todo prometen porque nada tienen.

El clérigo vende la verdad cotidiana

de un edén inexistente

y el alquimista cuántico regatea la mentira

de un universo real, que nos desborda.

Tanto que quise ser,

lo que hoy tanto desdeño.

Tanto que quiero construir,

con tan poco tiempo venidero.

Lo único cierto es la agonía.

Un poema que explora la conciencia como geometría infinita: paradojas de adentro y afuera, vigilia y sueño, fe y negación. Con imágenes de fractales, sombras y espejismos, la voz lírica cuestiona certezas religiosas y científicas hasta desmantelar ilusiones, revelando una conclusión contundente: lo único cierto es la agonía.

Palabra porosa

César Raúl González Bonilla

I

Mi voz es áspera:

lava hecha roca,

aliento de volcán;

ayer fuego ardiente de la tierra,

hoy es piedra gris,

rígida y tiesa escarcha fría,

perfil que trata de escapar de los guijarros,

silencio insistente y disperso,

coágulo atascado en el fondo de mis venas.

Es pico y pala;

martillo y cincel

y luego piedra contra piedra.

Es la voz que trata de encontrar el molcajete;

rumores insistentes y dispersos,

la silueta que trata de escapar de los guijarros.

Talla, cincela y dibuja la soledad

en la piedra indiferente

la ausencia que nos enlaza. 

Trata de dialogar con el pedrusco,

pero es deseo que se resiste,

palabra que se esconde

y se pierde en cada golpe;

asoma -apenas – cuando sangran los nudillos.

II

Mi voz es de ceniza,

es hostil y es enemiga de la piedra.

absurda y áspera,

piedra contra piedra,

músculos tiesos y piel envejecida.

Es ninguno en alguna vez,

voz extraviada en millares de agujeros:

cuento, invención o fábula.

El rítmico cincel es melodía

que sigue el pulsar de mis arterias

golpe, retumbo y rayo.

Nadie escucha el cincel contra mi piedra,

pero es mi voz

y solo importan mis oídos.

Es la sal que se comparte

en mi cuenco asimétrico,

pensamiento poroso,

rugoso y lastimado.

Mi voz es piedra agotada,

gastada por el uso.

Es el polvo de mi piedra

lo que queda, lo que resiste;

una voz extraviada en millares de agujeros,

el silencio que descansa en el centro de la mesa.

La voz de César Raúl González Bonilla se describe como áspera y volcánica, simbolizando lucha y soledad en la interacción con la piedra. A través de metáforas de desgaste, se expresa un deseo intenso de comunicación y la lucha interna por ser oído, reflejando la resistencia en el silencio y la vulnerabilidad.

Cuervos inapetentes

César Raúl González Bonilla

«No me comieron, los cuervos permanecen en mi cuerpo.«

No me comieron

-o no han querido comerme-,

los cuervos permanecen en mi cuerpo.

Entraron sin pedir permiso

cuando desayunaba cereal por la mañana.

Hicieron su nido entre mis sueños

y se asoman a través de mis costillas;

se entretienen con el tenue ruido de la sangre,

picoteando despacio desde adentro.

Beben de mi fiebre cuando pienso,

se dedican a hacer sus agujeros

entre mi bazo y mi memoria:

 dejando irritación y costras funerales.

Cuervos sin hambre, sin deseo,

que se sacian devorando lo que callo

y graznan la suave lengua del insomnio.

No me comieron

-o no me comen todavía-

en el silencio que me habita,

los cuervos negros de las sombras.

El hablante sobrevive a su propia carroña. Los cuervos no lo devoran, lo habitan: anidan entre sus órganos, beben su fiebre y se alimentan del silencio. En este cuerpo-conciencia, lo oscuro ya no amenaza desde afuera: permanece dentro, picoteando despacio desde el pensamiento y la memoria.