Lo que viene

Lo que viene
por César González Bonilla

No retorna lo que vuelve
o -tal vez- terminó ya de regresar

¿Cuándo será el tiempo de la ausencia;
con cuánta fuerza sus colmillos afilados
rasgarán mi carne?

¿En qué arista de la línea
-de arena y sílice-
se asoma apenas mi suerte
al filo de alguna telaraña?

Acaso estuvo ya por mi casa,
llegó sin darme cuenta
-eso que ha de llegar y que no llega-
recorrió los senderos de mis venas.

Veinte veces por minuto
-una vez en cada aliento-
espero…atraso…postergo
y me pregunto cómo vendrá lo decisivo;

¿Será una pesadilla que no puedo recordar,
alguna niebla vagabunda,
nómada confusión
en cierto rincón de mis pupilas?

Quizás es el dragón invisible en el pasillo,
el reptil retorcido que me acecha en la escalera,
un cuervo con lengua de recelo
o la muerte que habita en el ascensor de la oficina

Es la obscuridad que me persigue
en la cumbre de cada sonrisa
escondida detrás de un cubrebocas;

Pequeña tela empapada de saliva
-sudario y mortaja-
salpicado de suicidio;
germen y polen en la espuma del aire
que fermenta la sal de los pulmones

Veinte veces por minuto
-una vez en cada aliento-
giro en el remolino de la suerte
y los virus hacen acrobacias en el aire.

¿Cuándo podré salir de mi esfera
-anillo obligado de dos metros-
que me impuso el temor a lo que viene?

Hasta cuándo dejaré
de permanecer paralizado
si no llega lo que deba de llegar:

respiro inerte,
estoy muerto por completo
-a lo mejor no-cadáver todavía-

Queda entonces lo que resta;
respirar con cada aliento
-en esta muerte forzada-,
diferir el encuentro final
en el hilo de alguna telaraña.

Regresar a los años pequeños,
que mis despojos habiten la casa de la abuela
y jueguen con esferas de cristal
a la sombra de la higuera.

Que aniden las fantasías
en las cuencas desiertas de mis ojos;
al salir de la fosa
me espera el horizonte.

Lo que viene es un poema que respira con cada verso: un canto inquietante a la espera, al miedo y a la fragilidad que experimentamos durante la epidemia de COVID-19. Entre imágenes de dragones invisibles, virus danzantes y telarañas que amenazan el destino, César González Bonilla explora el abismo que se abre en cada aliento. Un viaje íntimo donde el recuerdo de la infancia y…

Admisión continua

César Raúl González Bonilla

Soy un cuerpo astillado más

que se incrusta

en la interminable hilada de dolientes.

 

Soy el enfisema que jadea,

la entrada al nosocomio enmascarada,

los puestos sedentarios para siempre.

 

Soy una serpiente que se mueve aletargada

y me conduce a mi derecho a estar enfermo.

 

Hay un aire maloliente,

un sello que me resucita en los papeles,

el registro de llegada, la hoja de ingreso,

la pluma que vocifera en tinta negra,

una silla imaginaria, los asientos ocupados,

el espacio insuficiente, la permuta de bacilos,

el oficio de paciente.

 

Reencarnar en la espera,

en la imprecisión de la esperanza,

en el cardumen perezoso,

en el intento de evitar que lata el corazón

setenta y siete veces por minuto.

 

Una voz metálica arrastra la

imprecisa invocación a mi persona

y así estoy en la introducción al escrutinio.

 

Una enfermera ya me toma la muñeca,

requisito ajeno a la caricia que apacigua.

Ahora soy el desagrado para todos.

 

Yo soy una molestia que camina,

él es un monolito de apatía.

Yo disminuyo en una silla,

él inmóvil escribe en una idea,

Yo fijo sus ojos en las teclas,

él ve la salida que lo lleva hacia el letargo.

Sordo impulsado por la inercia,

mudo que pregunta lo forzoso,

ciego que parece voluntario.

 

Hay afuera once mil caras con tintes afligidos.

Hay que resolver mi caso de inmediato.

Soy la referencia y la contra referencia;

mis entrañas astilladas, simplemente,

una víctima más

de la medicina basada en evidencia.

Pregunta cinco

Por César Raúl González Bonilla

«A veces el corazón se ausenta»

¿En dónde dejé mi corazón,
en qué sitio del camino lo perdí?
Seguramente al conversar mis dos cerebros,
se fue, sin darme cuenta, por un hoyo en mi camisa.

¿Huyó mientras veía televisión indiferente,
lo perdí en un taxi, al tirar papeles viejos,
o al pagar la cuenta del supermercado?

En resumen, no está aquí,
el mediastino está vacío,
empolvado de hace tiempo
y no fluye la sangre por mis venas.

Con la promesa de un amor tardío
esperan mis células sedientas,
la resurrección o la agonía.

El autor reflexiona sobre la pérdida emocional, preguntándose dónde ha dejado su corazón. Describe momentos cotidianos que podrían haber llevado a esta ausencia. Su mediastino está vacío y anhela un amor tardío, expresando un profundo deseo de resurrección y lucha entre la vida y la agonía.

Purgatorio

César Raúl González Bonilla

“La eternidad es la forma más lenta de la espera.”
 
En el reino de la oscuridad no se ve absolutamente nada. El silencio es tan hondo, que todo lo rodea. Es inútil tratar de andar a tientas, pues el cuerpo prorrogado se suspende en el vacío. El tiempo yace y aguarda para siempre en un instante. Las almas en detención nunca se encuentran. Lo sé de cierto, en este purgatorio sólo se espera…se espera….se espera.

El texto retrata un estado de suspensión absoluta: un alma atrapada en el vacío del purgatorio, donde no hay movimiento, sonido ni tiempo. Todo se reduce a la espera interminable. A través de un tono reflexivo y austero, el autor medita sobre la soledad, el silencio y la imposibilidad del encuentro.

Lo que persiste

César Raúl González Bonilla

“El silencio también ocupa su lugar”

Se quedó tu ausencia,
ahora tu silencio vive aquí conmigo.
Las horas que dejaste muy serias se detienen
y luego inquisitivas me observan y me inculpan.

Si vieras que difícil me resulta
descender por la penumbra de la noche;
cerrar las cortinas de mi cuarto
y refugiarme en un cajón de mi cerebro.

Persiste todavía
el espacio que dejaste en nuestra cama.
Tangente que me lleva a lo apartado,
cavidad que excavo cada vez que te acaricio.

Mientras trato de dormir
llegan las culpas,
rastrojos que convergen en mi vientre.
La ansiedad mastica los escombros
y me hace esperar lo más sombrío.
Algo va a ocurrir, es inminente,
alguien va a tocar esta mi puerta.

 

Lo que persiste es un poema de duelo y vigilia interior. El hablante lírico enfrenta la ausencia del ser amado, convertida en presencia muda que habita su espacio y su mente. Entre la penumbra, la culpa y la ansiedad, el poema explora cómo el silencio y la memoria conservan la forma del amor perdido. La…