César Raúl González Bonilla
Quien tiene apetito infinito, se debora a sí mismo
Acumulo un hambre insaciable;
el apetito y la sed ansiosa, enfurecida:
deseo lo que tuve, lo que no,
lo que nunca será mío.
Quiero la voz ajena guardada en mi bolsillo,
el afecto firmado a mi nombre,
el amor registrado como propiedad privada,
las miradas que ya no me buscan
y la ternura doblada en una servilleta desechable.
Cuento las ausencias en billetes;
tengo sed y hambre de todo lo existente
lo ilusorio y lo aparente.
Colecciono necesidades de piel, de nubes, de promesas.
Tengo deseo del deseo,
anhelo el vértigo de anhelar.
Me faltan las ganas de soltarlo todo,
atesoro ausencias, desiertos y vacíos.
El poema Avaricia retrata un yo lírico dominado por un deseo insaciable que lo lleva a acumular afectos, recuerdos y vacíos. La avaricia se convierte en una obsesión emocional y existencial que nunca se satisface, devorándolo desde adentro. Al final, el texto revela que ese afán de poseerlo todo solo conduce a un vacío más…