Avaricia

César Raúl González Bonilla

Quien tiene apetito infinito, se debora a sí mismo

Acumulo un hambre insaciable;

el apetito y la sed ansiosa, enfurecida:

deseo lo que tuve, lo que no,

lo que nunca será mío.

Quiero la voz ajena guardada en mi bolsillo,

el afecto firmado a mi nombre,

el amor registrado como propiedad privada,

las miradas que ya no me buscan

y la ternura doblada en una servilleta desechable.

Cuento las ausencias en billetes;

tengo sed y hambre de todo lo existente

lo ilusorio y lo aparente.

Colecciono necesidades de piel, de nubes, de promesas.

Tengo deseo del deseo,

anhelo el vértigo de anhelar.

Me faltan las ganas de soltarlo todo,

atesoro ausencias, desiertos y vacíos.

El poema Avaricia retrata un yo lírico dominado por un deseo insaciable que lo lleva a acumular afectos, recuerdos y vacíos. La avaricia se convierte en una obsesión emocional y existencial que nunca se satisface, devorándolo desde adentro. Al final, el texto revela que ese afán de poseerlo todo solo conduce a un vacío más…

Reclamo y cariño

César Raúl González Bonilla

Tú contigo y yo contigo.

No es que no me quieras, es que no te alcanza.

¿Qué no queda nada?

¡A mi no me vengas con cuentos

porque no te creo!

Que si no te alcanza,

que si se te acaba

que si ya no sientes:

es el recetario de tus negativas,

viento circular,

la llave que gira y que no abre nada.

Me consta que tienes,

te queda bastante,

tienes suficiente:

el cielo, el rio, la tarde,

un refugio que parece exilio.

Tu corazón late y no lo compartes.

Puras evasivas

excusas, pretextos

y noches taciturnas.

Me das las migajas,

insignificancias:

una duda silenciosa,

tu espalda

-rincón ausente con aroma de nosotros-.

Yo pregunto, tú callas.

Habitas en el lado blando:

recibir, reprender, culpar,

sin ceder, sin quedarte.

Pero tus ojos no mienten:

se asoma ternura, sin pedir permiso

todavía me miran

con el cariño vencido,

dicen que me quieres.

como en la primera tarde.

¿Por qué no compartes?

No seas egoísta,

no seas tan tacaña.

Tus ojos, esos dos traidores,

silenciosos, lejanos,

los mismos de siempre;

tan tuyos…tan tuyos…tan tuyos.

El poema de César Raúl González Bonilla explora la frustración de un amor no correspondido. A través de imágenes poderosas, el hablante expresa la incomunicación en la relación, donde el amor parece estar presente pero no compartido. Se destaca la lucha entre el deseo y la evasión emocional del otro.