Avaricia

César Raúl González Bonilla

Quien tiene apetito infinito, se debora a sí mismo

Acumulo un hambre insaciable;

el apetito y la sed ansiosa, enfurecida:

deseo lo que tuve, lo que no,

lo que nunca será mío.

Quiero la voz ajena guardada en mi bolsillo,

el afecto firmado a mi nombre,

el amor registrado como propiedad privada,

las miradas que ya no me buscan

y la ternura doblada en una servilleta desechable.

Cuento las ausencias en billetes;

tengo sed y hambre de todo lo existente

lo ilusorio y lo aparente.

Colecciono necesidades de piel, de nubes, de promesas.

Tengo deseo del deseo,

anhelo el vértigo de anhelar.

Me faltan las ganas de soltarlo todo,

atesoro ausencias, desiertos y vacíos.

El poema Avaricia retrata un yo lírico dominado por un deseo insaciable que lo lleva a acumular afectos, recuerdos y vacíos. La avaricia se convierte en una obsesión emocional y existencial que nunca se satisface, devorándolo desde adentro. Al final, el texto revela que ese afán de poseerlo todo solo conduce a un vacío más…

Pregunta cinco

Por César Raúl González Bonilla

«A veces el corazón se ausenta»

¿En dónde dejé mi corazón,
en qué sitio del camino lo perdí?
Seguramente al conversar mis dos cerebros,
se fue, sin darme cuenta, por un hoyo en mi camisa.

¿Huyó mientras veía televisión indiferente,
lo perdí en un taxi, al tirar papeles viejos,
o al pagar la cuenta del supermercado?

En resumen, no está aquí,
el mediastino está vacío,
empolvado de hace tiempo
y no fluye la sangre por mis venas.

Con la promesa de un amor tardío
esperan mis células sedientas,
la resurrección o la agonía.

El autor reflexiona sobre la pérdida emocional, preguntándose dónde ha dejado su corazón. Describe momentos cotidianos que podrían haber llevado a esta ausencia. Su mediastino está vacío y anhela un amor tardío, expresando un profundo deseo de resurrección y lucha entre la vida y la agonía.