El círculo se retuerce

César Raúl González Bonilla

“El tiempo también se oxida.”

Nacer, ascender, caer

y disolverse en la corriente:

la secuencia del polvo,

el círculo que se retuerce

como si el tiempo tuviera amnesia.

Ya no sé qué es lo que sigue

en esta feria de lo efímero.

Soy un tornillo carcomido,

una pieza de chatarra.

El vértigo gira sin mirarme,

con su ruido de máquinas y credos,

otros héroes desechables,

y victorias que envejecen en un día.

No hay un dios con voz y voto,

sólo el pulso cansado de la especie

repitiendo su error con entusiasmo.

Y yo, testigo desconcertado,

miro como el círculo se cierra

con quietud, al dejar el engranaje.

El poema reflexiona sobre la condición humana como parte de un ciclo que se repite y se desgasta. A través de imágenes del polvo, la máquina y el vértigo, la voz poética observa con lucidez el paso del tiempo, la inutilidad de los héroes y la fatiga de la especie. El sujeto se aparta del…

Pasos de cascajo

César Raúl González Bonilla

«Arrastrar el polvo de los días»

Mis pasos son rumor de grava,

arrastre acompasado de las suelas,

áspero desgaste de la calle,

pies de balastro

al ritmo de mis huesos fatigados.

Camino las rectas avenidas

con pasos torcidos e indecisos.

Donde las fachadas gritan sus grafitis

el eco susurra polvo intermitente.

Mis huellas -residuos de otras pisadas-

guardan silencio,

y mi sombra exhala

ese peculiar hedor a vejestorio.

El poema retrata la vejez como un andar áspero: pasos de grava y balastro marcan un ritmo fatigado. La ciudad, con grafitis que gritan y polvo que susurra, refleja la contradicción entre ruido y silencio. El cierre, con huellas mudas y una sombra vejestorio, mezcla ironía y desolación existencial.

Mi casa

César Raúl González Bonilla

Mi casa es un recuerdo de ladrillos

Yo tengo una casa, donde habita el polvo.
Abrigo de nadie, por sus ventanales,
de cristal de sueños,
sólo el tiempo observa dormir a los volcanes.

El silencio llena todas sus aristas
y por los pasillos gravita el olvido.
La yerba se extiende y gana el espacio
que había dedicado a nuestro sendero.

Al cerrar la puerta trasciende la noche,
los muros descansan, el aire está quieto.
Adentro el vacío se queda estancado
y afuera soy yo la fachada.

En esta mi casa,
inerte es el polvo del nido vacío,
el nido de polvo de cristal de sueños

Mi casa es una meditación sobre la soledad, el paso del tiempo y la persistencia de la memoria. El hablante convierte su hogar en una metáfora del propio ser: un espacio donde habitan el polvo, el silencio y el olvido. Los muros, inmóviles, guardan los rastros de una vida compartida y perdida. En el verso…