César Raúl González Bonilla
«Nada permanece, tampoco la luz»
La luna retrocede cautelosa,
en cada vuelta de su espiral
nos quiere mirar más lejos,
aparta las manos que nos acariciaron tanto,
ensancha el día
y la noche inmoviliza.
El mar duerme en silencio para siempre,
espejo que no tiene quien se mire.
Cielo fastidioso
sin cuarto menguante,
nunca más la luna nueva.
Cuarto creciente y la luna se hizo adulta,
es tiempo de que parta,
libre se va,
se deshace de nosotros,
de nada sirve sujetarla con palabras.
Nos elude,
ingenuos deseamos guardarla en nuestro puño.
Nada es eterno,
no la puedo detener,
bebo su luz
y le digo adiós todos los días.
Adiós a la luna es una meditación poética sobre la partida y la permanencia. A través de imágenes de cielo, mar y luz, el poema expresa el duelo por aquello que se aleja inevitablemente —la belleza, el amor, la vida misma—, pero también la gratitud por haberlo contemplado. Es un canto sereno a la fugacidad,…