César Raúl González Bonilla
Aquí no hay destino final,
sólo una condena giratoria.
El lunes por la noche
respiro el aire enrarecido,
-fastidio habitual-
del silencio, que se sirve con la cena.
Cada quien corta su rebanada de disgusto
y le pone mantequilla.
El martes se revuelve entre las sábanas,
y el frío se congela con tu espalda.
El miércoles -siempre es de ceniza-,
viaja despacio en la penumbra,
y se desliza por el borde cansado de tu boca.
Se conforman jueves y viernes
mientras desgajo mi naranja
y tomo el cereal de la mañana.
Tu cuerpo húmedo concede,
y aún conserva la forma del deseo.
Ya es domingo y conversamos
y -por un instante-
creo ver en tu mirada
que no hemos muerto del todo.
Mañana por la noche,
cada quien cortará su rebanada de disgusto
y le untará mermelada.
Aquí, sólo una condena giratoria.
Carrusel retrata la rutina emocional de una pareja atrapada en la circularidad de los días. Cada jornada se convierte en un espejo del tedio, la costumbre y la resignación: desayunos, silencios, fragmentos de deseo que sobreviven a la inercia. El poema transita del fastidio cotidiano al eco del amor que aún persiste, aunque apenas respire.…