Ya todo está bien

César Raúl González Bonilla

La noche avanza a través del silencio de la madrugada, las ventanas disipan el calor interior que por la mañana será rocío. Todos ya descansan cobijados por la obscuridad de la casa. Arriba, en su cuarto los niños reposan muy quietos, arropados con cuidado; en la habitación principal la esposa yace también en armonía con la humedad de su almohada. Abajo, un hombre se sienta en el diván de la estancia y bebe un sorbo de su taza de café, mientras termina de escribir una carta que tiene pendiente. Afloja su corbata y habla consigo mismo: “ya todo está bien, yo estoy bien, ellos ya están bien, la vida es buena”. Toma el revolver que espera en la mesa de centro y lo lleva a su sien con la mano derecha. Lo último que escucha es el clic del barril que, al girar, lleva la muerte.

Tranquilo

César Raúl González Bonilla

«La vida se confirma también en lo sombrío.”

I
Donde el firmamento se recuesta en la llanura,
las nubes descienden a besar el campo.
Allí quiero sentarme, en el filo del mundo
y asomar mi juicio, para buscarte en el abismo.

II
Veo nacerme a partir de la neblina,
emerger sobre el embrollo púrpura de agosto.
Septiembre fue tan largo y para nunca,
con los vientos alevosos de occidente.
Y sin embargo,
germinamos en el ingenuo lago del indulto.

III
Los maliciosos espectros se evaporan,
se despiden de la taza de café de media tarde.
Nada es obsceno, no me preocupa nada.
Estoy feliz, no cabe duda.

Algo muy lúgubre prepara mi cerebro

lo presiento en el aroma

y con la certeza de estar vivo.

Este poema transmite un viaje interior de calma y contemplación, que en el fondo deja entrever una inquietud latente. La estructura en tres partes refleja un tránsito: desde el deseo de observar y buscar (I), el renacer y el perdón (II), hasta la tranquilidad absoluta con un presentimiento oscuro (III). El cierre es irónico y poderoso: cuando todo parece tranquilo, el cerebro ya conspira en la penumbra. El poema describe un estado de calma consciente en el que el yo lírico…