Fatiga

César Raúl González Bonilla

“El cuerpo envejece, se desgasta el alma.”

Ya no tengo sed de mi veneno,

mis ilusiones se quebraron en pedazos;

se agotó de pronto la tristeza,

se disipa la amargura de mi lengua.

La tarde brotó en mi pecho despoblado.

Yo no me di cuenta porque estaba ausente,

viviendo los días, sin ver los instantes;

giraba la inercia ajena a mi carne

dejando a su paso fragmentos de alma.

Yacen a mi espalda

esqueletos viejos y pieles sin dueño;

abrazos torcidos y amores deshechos.

Se secó la vida,

mis deseos son polvo,

colapsó el recinto de mis emociones;

hoy tan sólo quiero

dormir un momento,

ya no siento nada, estoy muy cansado.

Fatiga es un poema de introspección y agotamiento existencial. A través de imágenes corporales y ruinas del alma, explora la pérdida de ilusiones, la inercia del tiempo y el colapso interior. La voz poética confiesa un cansancio absoluto, donde solo queda el deseo de disolverse en descanso.

Pescadores

César Raúl González Bonilla

«El mar duerme antes de volver a respirar.”

Cuando cae la tarde en el estero

barre el viento decembrino

el fastidio de las sombras alargadas.

Ya esperan las balsas en cardumen

beber la sal y alcanzar el horizonte.

Será mañana,

hoy descansan al vaivén de la resaca

rechinando suavemente la madera.

El cansancio lleva peces en la cesta

y sus huellas viajarán con la marea.

Hallarán la noche

arropadas por su manto de consuelo.

Será por la mañana

cuando despunte el día.

Las siluetas empapadas

tomarán las cestas,

remontarán el tremor del azul interminable

para descubrir de nuevo el horizonte.

El poema describe el reposo vespertino de las balsas en un estero tras la jornada de pesca. La tarde decembrina, el viento y el vaivén de la resaca acompañan el descanso de hombres y embarcaciones. Con un tono contemplativo, el texto celebra la quietud y anticipa el renacer del día siguiente.