César Raúl González Bonilla
«Hay silencios que gritan.»
El silencio que desgarra,
virulento y rencoroso,
alarido de furia,
retorcida bayoneta que penetra,
humo tóxico que asfixia.
El silencio que se atora en la garganta,
hondo desfiladero del afecto,
maldiciente barranco que separa.
El silencio perpetuo,
pesado como plomo,
losa de remordimientos,
que duele cuando calla,
misericordioso algunas veces.
El silencio afónico
nebuloso y sin sentido,
hilado con vacío,
purgatorio donde expiar la inexistencia.
El silencio prudente,
fugaz recuerdo,
el retrato de mi madre,
sonrisa silenciosa que apacigua,
manantial con agua clara.
El silencio delicado,
hipnótico alcaloide,
que entorpece los sentidos
con el roce de tus labios.
El silencio que perdura,
rumor de las estrellas,
balada distante en la noche serena.
Escombros y desechos,
no quedan más
silencios que decirnos.
En “Mudos”, los distintos rostros del silencio revelan emociones extremas: furia, culpa, ternura y deseo. Cada estrofa disecciona una forma de callar, desde la herida hasta la calma, hasta llegar al punto en que ya no hay nada que decir. El poema es un retrato del grito interior.